¿Cómo influye la alimentación en el desarrollo del sistema inmune en la etapa infantil?

JOSÉ MANUEL MORENO VILLARES
Coordinador del Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP)
Director del Departamento de Pediatría. Clínica Universidad de Navarra de Madrid


El interés por el efecto específico de distintos nutrientes y distintos tipos de alimentación sobre el sistema inmunitario no es nuevo, si bien la perspectiva ha ido cambiando en el tiempo. Mientras que las primeras investigaciones se centraban en el efecto de la desnutrición o la deficiencia de nutrientes específicos, en la actualidad el interés se ha desplazado al papel de los patrones alimentarios o de la ingesta de determinados nutrientes en la prevención de enfermedades, en especial de las conocidas como enfermedades crónicas no trasmisibles1.

La desnutrición energético-proteica o la deficiencia en hierro o en vitamina D, por ejemplo, se asocian a una mayor incidencia de infecciones graves2 y, en países en pobreza a un aumento de la mortalidad, sobre todo en los niños menores de 5 años3. La desnutrición es todavía la causa de casi la mitad de los fallecimientos en este grupo de edad.

En el otro sentido, los efectos positivos ejercidos por determinados nutrientes sobre el sistema inmunitario pueden deberse a acontecimientos tempranos en la vida del individuo o ser consecuencia de su consumo habitual. Sea por una u otra razón parece claro que la primera infancia, a la que nos referiremos en este artículo, y la vejez constituyen periodos de especial atención.

Como en otros campos que estudian los efectos de la alimentación sobre la salud, la relación entre nutrición e inmunidad está rodeada de luces y sombras. Por una parte, existen variaciones en la respuesta inmune que dependen de otros factores distintos de la alimentación: la genética, el sexo, la edad, la historia de vacunaciones, el estrés o el ejercicio física entre otras. Además, es difícil aislar el efecto de un nutriente específico de la composición de toda la dieta o, más específicamente, del patrón alimentario del individuo.

El primer contacto entre los alimentos y el sistema inmunitario tiene lugar en el aparato digestivo, a través fundamentalmente del tejido linfoide asociado al intestino (GALT en inglés). Esta relación está condicionada, en gran medida, por la microbiota y es especialmente importante durante las primeras etapas de la vida4 (figura 1).

Figura 1.Relación entre alimentación, microbiota y el desarrollo del sistema inmunitario.
Fuente: elaboración propia

Una característica primordial del sistema inmune es su capacidad de generar una respuesta adecuada frente a gérmenes patógenos y, al mismo tiempo desarrollar tolerancia frente a antígenos inocuos o no dañinos, como las proteínas de los alimentos. Este estado de hiposensibilidad se conoce como tolerancia oral. Su alteración está en el origen no sólo de las alergias alimentarias sino también de enfermedades autoinmunes o de distintos tipos de enfermedades inflamatorias con manifestación digestiva (la enfermedad de Crohn o la enfermedad celíaca, entre otras).

Como hemos comentado la microbiota intestinal juega un papel primordial en el desarrollo de la función inmunitaria en el aparato digestivo: mejora la función de barrera mediante la estimulación de producción de moco, produce sustancias antimicrobianas, inhibe la adhesión de patógenos al epitelio intestinal y modula la respuesta inmune favoreciendo la tolerancia a los antígenos no dañinos. Son fundamentalmente los bacteroides, las bifidobacterias y los lactobacilos los encargados de estas acciones. La incorporación a la dieta, en especial en la alimentación del lactante, de bifidobacterias y lactobacilos, puede favorecer también la respuesta inmune sistémica5.

La lactancia materna ayuda al correcto desarrollo y funcionamiento del sistema inmunitario

La alimentación al pecho es el método óptimo de alimentación para el niño en los primeros meses o años de vida. La lactancia materna protege frente a diversas enfermedades infecciosas y disminuye el riesgo de padecer algunas enfermedades autoinmunes. Los mecanismos que explican este efecto protector no son bien conocidos, aunque probablemente se deban tanto a la composición específica de la leche, como a la interacción de los nutrientes entre sí y con los componentes presentes en la luz intestinal y en la mucosa, en especial las bacterias comensales que la colonizan6,7.

Entre los componentes de la leche materna que influyen en el sistema inmune destacan las inmunoglobulinas, sobre todo la IgA secretora, la presencia de células inmunes (leucocitos, macrófagos), algunas enzimas como la lactoferrina o la lisozima, pero también nucleótidos, oligosacáridos complejos, los componentes de la membrana del glóbulo graso y factores de crecimiento y también la presencia de bacterias probióticas6,7.

En la medida que se ha conocido más el funcionamiento de estos nutrientes y los avances tecnológicos lo han permitido, algunos de estos componentes se han ido incorporando a las fórmulas para lactantes, empleadas cuando el amamantamiento no es posible.

¿Qué nutrientes han evidenciado algún efecto inmunomodulador?

Todos los nutrientes tienen una relación directa o indirecta con la función inmune, si bien es cierto que algunos de ellos despiertan un interés mayor, fundamentalmente algunas vitaminas y minerales.

Hemos señalado anteriormente que los nucleótidos influyen tanto en la función inmunitaria como en la proliferación y maduración de las células intestinales, incluso a dosis bajas8. Ocurre de forma similar con los gangliósidos, actuando tanto sobre la microbiota intestinal como estimulando la respuesta inmunitaria mediada por IgA9.

Sin embargo, son las vitaminas y los minerales los nutrientes que se han relacionado más con la función inmune. El cinc es un cofactor de numerosas enzimas y factores de trascripción y su deficiencia se ha asociado a mayor incidencia de infecciones del aparato digestivo y a diarrea en poblaciones desnutridas10.

La deficiencia en hierro se asocia a una capacidad bactericida disminuida en los neutrófilos, aunque el exceso de hierro en la dieta es también causa de aumento en el riesgo de infección11.

El selenio es un cofactor que participa en la mayoría de las reacciones relacionadas con los mecanismos de defensa frente a la infección. Así, actúa en las peroxidasas dependientes de selenio. Su deficiencia disminuye la función inmunitaria, ocasiona concentraciones disminuidas de IgG e IgM y se asocia a menor defensa frente a las infecciones por virus12.

La vitamina A es esencial para la integridad de las mucosas, por lo que su deficiencia altera la propiedad de barrera, facilitando la entrada de patógenos. Su deficiencia ha sido bien estudiada en poblaciones infantiles, a las que predispone a infecciones respiratorias, diarrea y sarampión13.

La vitamina E es el antioxidante principal de las membranas celulares y es un elemento esencial en el desarrollo y mantenimiento de la función inmunitaria, aunque su deficiencia es extremadamente rara.

La vitamina C se encuentra en concentraciones elevadas en los leucocitos y participa en la función inmune, aunque su suplementación en pacientes no deficientes no ha demostrado que aumente la defensa frente a las infecciones14.

También las vitaminas del complejo B intervienen en distinta medida en distintas funciones relacionadas con la inmunidad: tamaño del timo y del bazo, fagocitosis, capacidad bactericida de los neutrófilos, etc.

He dejado en último lugar a la vitamina D. Existen receptores de vitamina D en la mayoría de las células del sistema inmune. Las acciones de la vitamina D sobre el sistema inmunitario se deben a sus efectos en la modulación de la expresión génica, pero también a sus acciones directas en la señalización celular. Por eso, se dice que la vitamina D tiene una acción inmunomoduladora (figura 2)15,16.

Figura 2. Efectos de la vitamina D en la modulación de las células del sistema inmunitario.
Fuente: adaptado de Vitamin D and Immune Function. Prietl, B. et al.; Nutrients 2013,5:2502-21

Diversos estudios han asociado niveles bajos de vitamina D a un riesgo aumentado de infecciones, en especial de infecciones respiratorias. La suplementación con vitamina D parecería tener un cierto efecto protector, más marcado en las personas con niveles insuficientes o deficientes17. Sin embargo se precisan estudios más robustos para modificar las recomendaciones de ingesta de vitamina D por encima de las necesarias para prevenir la enfermedad ósea -raquitismo y osteomalacia- vigentes en la actualidad.

La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) realizó en 2015 una revisión sobre la evidencia científica entorno a la vitamina D y el sistema inmunitario (https://efsa.onlinelibrary.wiley.com/doi/abs/10.2903/j.efsa.2015.4096), concluyendo que existía una relación causa-efecto entre la ingesta de vitamina D y la función del sistema inmunitario18,19. En base a este informe la Comisión Europea aprobó una declaración de salud para la vitamina D que se puede emplear en todos los alimentos que cumplan con un contenido mínimo de esta vitamina.

¿Cubre la población infantil española los requerimientos nutricionales?

Aunque los estudios sobre ingestas alimentarias en niños españoles son escasos y muy heterogéneos, en la mayoría de ellos (Estudio ALSALMA20, proyecto ENALIA21, estudios ANIBES22 e IDEFICS23 y, especialmente el estudio reciente EsNuPI24-26) han mostrado que además de un exceso en determinados nutrientes -fundamentalmente proteínas- un porcentaje variable de los niños españoles no alcanzan a cubrir los requerimientos de vitamina D y, en menor medida, de hierro o de ácidos grasos polinsaturados omega-3. El porcentaje de niños mayores que no alcanzan los requerimientos de vitamina D es elevado en todas las encuestas. Por otra parte, el grado de cumplimiento de la suplementación con vitamina D en lactantes está también por debajo del 50%27.

A la vista de las repercusiones que una alimentación adecuada en esta edad tiene sobre la función inmunitaria y su papel en la prevención de enfermedades es preciso garantizar y asegurar que la población infantil consuma en su dieta las cantidades suficientes de estos nutrientes siguiendo una dieta variada y equilibrada que le proporcione todos ellos en cantidades suficientes para un correcto crecimiento, desarrollo y funcionalidad.

Cabría también considerar los lácteos enriquecidos o adaptados para la etapa infantil como una ayuda útil, a partir del año de edad, para alcanzar las ingestas recomendadas de determinados nutrientes cuyas ingestas son difíciles28 y que actualmente a tenor de los últimos estudios, se encuentran deficitarias en la población infantil de nuestro país, como pudiera ser la vitamina D, entre otros.

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Bibliografía
1. Moreno-Villares JM, Collado MC, Larqué E, Leis-Trabazo MR, Sáenz-de-Pipaon M, Moreno-Aznar LA. Los primeros 1000 días: una oportunidad para reducir la carga de las enfermedades no transmisibles. Nut Hosp 2019; ,36:218-32.
2. Walson JL, Berkley JA. The impact of malnutrition on childhood infections. Curr Opin Infect Dis2018, 31:231–236
3. Nota de prensa UNICEF (Consultada el día 23 de junio de 2020)
4. Dzidic, M.; Boix-Amorós, A.; Selma-Royo, M.; Mira, A.; Collado, M.C. Gut Microbiota and Mucosal Immunity in the Neonate. Med. Sci. 2018, 6, 56.
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14. Carr AC, Maggini S. Vitamin C and Immune Function. Nutrients. 2017;9(11):1211. Published 2017 Nov 3. doi:10.3390/nu9111211
15. Sassi F, Tamone C, D’Amelio P. Vitamin D: Nutrient, Hormone, and Immunomodulator. Nutrients. 2018;10(11):1656. Published 2018 Nov 3. doi:10.3390/nu10111656
16. Medrano M, Carrillo-Cruz E, Montero I, Perez-Simon JA. Vitamin D: Effect on Haematopoiesis and Immune System and Clinical Applications. Int J Mol Sci. 2018;19(9):2663. Published 2018 Sep 8. doi:10.3390/ijms19092663
17. Martineau AR, Jolliffe DA, Hooper RL, et al. Vitamin D supplementation to prevent acute respiratory tract infections: systematic review and meta-analysis of individual participant data. BMJ. 2017;356:i6583. Published 2017 Feb 15. doi:10.1136/bmj.i6583
18 . DECLARACIONES DE PROPIEDADES SALUDABLES DISTINTAS DE LAS DE REDUCCIÓN DE RIESGO DE ENFERMEDAD Y AL DESARROLLO Y LA SALUD DE LOS NIÑOS (ARTÍCULO 13) AUTORIZADAS EN EL REGLAMENTO (UE) Nº 432/2012 (Consultado el día 23 de junio de 2020)
19 . DECLARACIONES DE PROPIEDADES SALUDABLES AUTORIZADAS RELATIVAS AL DESARROLLO Y LA SALUD DE LOS NIÑOS (art.14.1.b) (Consultado el día 23 de junio de 2020)
20. Dalmau J, Peña-Quintana L, Moráis A, Martínez V, Varea V, Martínez MJ, Soler B. Análisis cuantitativo de la ingesta de nutrientes en niños menores de 3 años. Estudio ALSALMA. An Ped 2015; 82: 255-266
21. Encuesta Nacional de consumo de Alimentos en población Infantil y Adolescentes (ENALIA). 2012- 2014. Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad. Agencia Española de Consumo, Seguridad Alimentaria y Nutrición, 2017.
22. Estudio ANIBES (205-2020). Fundación Española de Nutrición (FEN) https://www.fen.org.es/anibes/es/datos_resultados
23. IDEFICS study. (2006-2020). http://www.ideficsstudy.eu/index.php?id=1148&L=600%27A%3D0
24. Dossier Presentación Estudio ESNUPI (2019) Fundación Española de Nutrición (FEN); Fundación Iberoaméricana de Nutrición (FINUT); Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP)
25. Madrigal C., Soto-Méndez M.J.,;Hernández-Ruiz Á., Ruiz E., Valero T., Ávila J.M. et al.. Dietary and Lifestyle Patterns in the Spanish Pediatric Population (One to <10 Years Old): Design, Protocol, and Methodology of the EsNuPI Study. Nutrients 2019, 11, 3050.
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27. Kunz C, Hower J, Knoll A, Ritzenthaler KL, Lamberti T. No improvement in vitamin D status in German infants and adolescents between 2009 and 2014 despite public recommendations to increase vitamin D intake in 2012. Eur J Nutr. 2019;58(4):1711-1722. doi:10.1007/s00394-018-1717-y
28. Decálogo “Leches de Crecimiento en el niño pequeño” (2017). Comité de Nutrición de la Asociación Española de Pediatría (AEP); Fundación Española de Nutrición (FEN); Fundación Iberoaméricana de Nutrición (FINUT)

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