¿Cómo influye la dieta y la obesidad en los procesos inflamatorios?

CLOTILDE VÁZQUEZ MARTÍNEZ
Jefa del Departamento de Endocrinología y Nutrición. Hospital Universitario Fundación Jiménez Díaz (Madrid)
Directora de la Cátedra “Obesidad y Diabetes”. Universidad Rey Juan Carlos (Madrid)


La obesidad, definida como un exceso de grasa que perjudica la salud, es un enfermedad crónica sistémica profundamente compleja y que está en la base de la mayoría de las enfermedades crónicas del siglo XXI: enfermedades cardiovasculares (primera causa de mortalidad en el mundo), diabetes, infecciones y el cáncer, entre otras.

Destacar que más del 50% de la población adulta padece sobrepeso u obesidad, y aunque es imposible hacer una estimación exacta, la previsión es que aumente alrededor de un 5-10% más en los próximos 10 años y esto aumenta exponencialmente el riesgo de mortalidad.

Por este motivo conviene analizar y revisar la relación que tiene la dieta y la obesidad en relación con los procesos inflamatorios y si podemos tener en cuenta pautas alimentarias que nos ayuden a atenuar estos procesos.

Inflamación: ¿proceso defensivo o caballo de troya?

La inflamación es la primera respuesta biológica del sistema inmune a una agresión. Es de enorme complejidad e implica estructuras vasculares, humorales, celulares e inmunológicas y neurológicas y su fin último es la resolución del daño.

La inflamación es un componente central de la inmunidad innata (no específica). La finalización de los fenómenos que desencadena requiere un proceso activo en el que intervienen ciertas citoquinas y otros mediadores antiinflamatorios.

El problema radica en que puede perpetuarse en condiciones metabólicas, epigenéticas o inmunológicas adversas. La inflamación crónica no resuelta o de “bajo grado” constituye un “núcleo“ de perturbación en numerosas enfermedades crónicas, y constituye un determinante muy importante del impacto patológico del exceso de grasa.

La inflamación actúa pues como amigo y enemigo a la vez: es esencial para la vigilancia inmunológica y defensa de nuestro organismo pero cuando no se resuelve, y aunque sea “de bajo grado”, es como un caballo de Troya que nos daña “desde dentro”.

Inflamación de bajo grado o crónica

La inflamación de “bajo grado” asociada a obesidad parece comenzar con la expansión del tejido adiposo, especialmente el visceral/abdominal, lo que conlleva una producción aumentada de citoquinas y kemoquinas por parte del adipocito. En paralelo se producen una serie de verdaderos “efectores” de una compleja reacción:

– un incremento en la producción de moléculas de adhesión por parte del endotelio vascular,
– el reclutamiento subsiguiente de monocitos,
– y su diferenciación en macrófagos que van infiltrando dicho tejido adiposo y diferenciándose a pro inflamatorios y secretores de citoquinas como TNF alfa

Intervienen varias estirpes celulares que producen citoquinas pro inflamatorias y radicales libres que incrementan el estrés oxidativo, y a la vez aumentan la transformación de los macrófagos en más pro inflamatorios, cerrándose así un círculo vicioso complejo que repercute sistémicamente.

Así, de un tejido adiposo “sano”, reserva energética y productor de adipoquinas antiinflamatorias y hormonas, se va pasando a un tejido inflamado, infiltrado y emisor de mediadores inflamatorios cuyas dianas son sistémicas: hígado, corazón, endotelio vascular y cerebro.

¿Podemos medir la inflamación?

Se ha intentado encontrar Scores o Clusters de marcadores para cuantificar el estado inflamatorio, pero actualmente aún no existe consenso sobre qué marcadores representan mejor la inflamación de bajo grado, y sus diferentes fases.

Los sistemas metabólico e inmune están íntimamente ligados y a su vez influidos por la genética, y la epigenética. Por eso la tecnología de las “ómicas” y especialmente la metabolómica, nos ha permitido conocer patrones y clusters de marcadores relevantes, que reflejen la inflamación de bajo grado relacionada con órganos y/o funciones específicas. Asimismo la epigenómica, incluidos los microRNA´s pueden ilustrar la magnitud y los efectos de la inflamación asociada a obesidad.

Inflamación en obesidad o “no estoy gord@, estoy inflamad@”

Esa frase, que oí por primera vez a uno de mis mentores en Obesidad, encierra muchos de los conocimientos actuales. La existencia de “obesos metabólicamente sanos”, y “normopeso metabólicamente enfermos” es la prueba de que no sólo la sobre nutrición y el incremento de grasa explican todo. Desde antiguo se conoce que ratones alimentados con dietas “cafetería-like”, ricas en grasa saturada y azúcares desarrollan obesidad frente a sus homólogos que comen dieta equilibrada con las mismas calorías.

La dieta “occidental”, caracterizada por un alto consumo de azúcar, grasa saturada y trans y reducida en carbohidratos complejos, fibra, micronutrientes y otros compuestos bioactivos, predispone a la inflamación por varios mecanismos. Uno de ellos es por el incremento en LPS de las bacterias gram negativas, debido al aumento de la permeabilidad intestinal. LPS es detectado por las células de la inmunidad innata a través de los receptores “Toll like 4”, desencadenando así una respuesta inflamatoria. Pero LPS puede no ser un iniciador sino un “contribuyente”.

De hecho, también se conoce desde hace décadas que la grasa saturada y “trans” influyen de forma diferencial y negativa sobre el tejido adiposo. Primero, porque forman parte de la membrana, por lo que pueden influir en la inflamación sirviendo como moduladores de los factores de transcripción NFK beta y PPAR alfa-gamma. Y segundo, porque a nivel celular actúan de manera diferenciada en la cascada de eicosanoides y docoxahexanoides con implicaciones en inflamación y oxidación.

En este sentido podemos destacar que las grasas insaturadas de cadena larga,  los ácidos grasos omega-3 EPA y DHA juegan un rol antiinflamatorio por favorecer esta cascada metabólica. Además estos ácidos grasos omega-3 y los polifenoles pueden interferir en la activación de los receptores “Toll like 4”. Hay bastante evidencia de que atenúan la expresión de los genes proinflamatorios, y que se comportan como atenuadores de la inflamación de tejido adiposo.

Pero su efecto beneficioso se ejerce por múltiples vías: aparte de su conocido efecto en el control de los niveles de triglicéridos y los efectos citados sobre la inmunidad y la inflamación, los omega-3 aumentan la diversidad bacteriana de la microbiota intestinal ejerciendo una acción supresora sobre aquellas familias productoras de LPS y aumentando la producción de ácidos grasos de cadena corta. De hecho, son muy útiles en el tratamiento de algunos casos de disbiosis.

¿Existe una dieta y nutrientes antiinflamatorios?

La dieta mediterránea se ha mostrado eficaz como “dieta antiinflamatoria” en numerosísimos estudios epidemiológicos.

Podemos citar ensayos clínicos nutricionales como el estudio Predimed y Predimed Plus, que han aportado resultados en términos de marcadores de inflamación, función endotelial, estrés oxidativo, etc. Y también estudios de Nutrigenética y Nutriepigenética que han probado la capacidad de la dieta mediterránea de “silenciar” la expresión de genes perjudiciales o revertir cambios epigenéticos.

Pero además de la dieta mediterránea en conjunto, los compuestos bioactivos juegan un papel fundamental. Por citar algunos de ellos:

aceite de oliva virgen extra (AOVE) (emblemático en la dieta mediterránea), que ha sido extensamente estudiado y es de sobra conocida su riqueza en polifenoles con propiedades antiinflamatorias, antioxidantes y anti aterogénicas.

frutas, verduras y hortalizas, con grandes cantidades de compuestos bioactivos conocidos como fitoquímicos que muestran tener propiedades antiinflamatorias (mecanismos de acción aun no del todo conocidos que incluyen la modulación de la expresión génica de genes antiinflamatorios). Los compuestos fenólicos y triterpenoides que se encuentran en ellas parecen tener mayor poder antiinflamatorio que otros compuestos .

legumbres: Las lectinas y péptidos de algunas tienen también actividad antiinflamatoria.

condimentos y especias (ajo, cúrcuma, jengibre), muy investigados en la última década por sus efectos antiinflamatorios y muy ricos en fitoquímicos.

De entre todos los fitoquímicos destacan los polifenoles. Numerosos estudios in vitro e in vivo les han atribuido una amplia gama de actividades biológicas como antiinflamatorias, inmunomoduladoras, antioxidantes y protectoras del sistema cardiovascular.

Los polifenoles, de los que existen más de 8.000 variantes estructurales, son producidos de forma ubicua por las plantas contribuyendo a su color y sabor. Actualmente disponemos de evidencia científica gracias a numerosas investigaciones epidemiológicas y experimentales que han demostrado su actividad antiinflamatoria e inmunomoduladora. La capacidad de estos compuestos naturales para modificar la expresión de varios genes proinflamatorios como múltiples citoquinas, lipoxigenasa, óxido nítrico sintasa ciclooxigenasa, además de sus características antioxidantes, como la eliminación de ROS (especies reactivas del oxígeno) contribuyen a la regulación de la señalización inflamatoria.

De hecho, estudios de nutrigenómica, nutrigenética y nutriepigenética muestran la acción antiinflamatoria de algunos nutrientes y fitoquímicos, mediada por la reversión de algunos fenómenos de metilación de DNA o modulación de micro RNA´s, o “silenciamiento“ de genes perjudiciales

De entre ellos destacan estudios muy positivos de nutriepigenética con Resveratrol de la uva y polifenoles de la manzana, que apoyarían ese aforismo británico tan conocido (“An apple a day keeps the doctor away”).

Conclusiones

Podemos concluir afirmando que siendo muy importante una alimentación que no se exceda en calorías parece más importante comer bien, para evitar la obesidad “inflamatoria” y todas las graves consecuencias negativas que ella comporta.

La dieta mediterránea rica en fibra, polifenoles y otros fitoquímicos procedentes de aceite de oliva, frutas, verduras, hortalizas y condimentos así como en pescados con abundancia de ácidos grasos omega 3 (EPA y DHA) es sin duda el patrón más adecuado.

Los nutracéuticos o alimentos enriquecidos en alguno/s de estos componentes pueden sin duda servir de ayuda.

Se propone un posible ejemplo de dieta inflamatoria que se puede descargar aquí.

PUBLICACIONES


“Ejemplo de dieta antiinflamatoria”

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