Consumo de lácteos en la infancia: ¿podrían influir en la duración del sueño?
CASANDRA MADRIGAL ARELLANO
Doctora en Nutrición y Ciencia de los Alimentos por la Universidad de Granada
Colaboradora de la Fundación Iberoamericana de Nutrición FINUT y de SNH Global
Dormir lo suficiente durante la etapa preescolar es esencial para el desarrollo neurológico, la salud metabólica y el bienestar a largo plazo. La evidencia científica relaciona la falta de sueño en la infancia con alteraciones en el desarrollo motor, cognitivo, emocional y del lenguaje, además de un mayor riesgo de obesidad, trastornos metabólicos y un posible deterioro de la capacidad antioxidante.
Antecedentes
En los últimos años, los alimentos fermentados y los productos lácteos con probióticos han despertado un creciente interés por sus posibles beneficios sobre la salud, especialmente a través de la modulación de la microbiota intestinal. Diversos estudios sugieren que la microbiota desempeña un papel clave en la regulación del sueño mediante el eje microbiota-intestino-cerebro. En adultos, se ha observado que determinados probióticos y el consumo de yogur se asocian con una mejor calidad del sueño, una mayor duración del descanso nocturno y una menor fragmentación del sueño.
Sin embargo, la evidencia en población infantil sigue siendo limitada. Algunos estudios apuntan a que el consumo temprano de alimentos fermentados podría influir positivamente en el sueño durante la primera infancia. En este contexto, el presente estudio analizó, por primera vez, la relación entre el consumo de productos lácteos con probióticos, como el yogur y el queso, y el sueño en niños en edad preescolar, evaluando sus efectos en el momento inicial y en seguimientos realizados a los 3 y 6 meses.
El estudio
Este estudio de cohorte prospectivo analizo la relación entre el consumo de queso y yogur y la duración del sueño en niños en edad preescolar. La investigación se llevó a cabo entre marzo y junio de 2023 en la ciudad china de Zhongshan, e incluyó a niños sanos de entre 3 y 6 años cuyos tutores completaron los diferentes cuestionarios sobre hábitos alimentarios, estilos de vida y patrones de sueño al inicio del estudio y en seguimientos realizados a los 3 y 6 meses.
Entre las variables analizadas se incluyeron factores nutricionales y de salud, como el consumo de productos lácteos, carne roja, bebidas azucaradas, suplementación con calcio y vitamina D, actividad física y los horarios de sueño. Para evaluar la frecuencia de consumo, los padres informaron sobre la ingesta habitual de queso y yogur durante los tres meses previos al inicio del estudio.
La duración insuficiente del sueño se definió como menos de 10 horas diarias, de acuerdo con las recomendaciones para niños en edad preescolar. Los investigadores aplicaron modelos estadísticos avanzados para estudiar la asociación entre el consumo de queso y yogur y el riesgo de dormir menos de lo recomendado, ajustando los resultados por múltiples factores de confusión relacionados con el entorno familiar, la alimentación y los estilos de vida. Además, el análisis incluyó modelos de regresión logística y métodos de validación estadística para reforzar la solidez de los resultados.
Resultados
El estudio incluyó a 221 niños en edad preescolar y analizó la relación entre el consumo de queso y yogur y la duración del sueño. Los resultados mostraron diferencias en diversos factores familiares y de estilo de vida según la frecuencia de consumo de estos productos, lo que hizo necesario ajustar los análisis por posibles factores de confusión.
Tras aplicar modelos estadísticos ajustados, no se observaron asociaciones significativas entre el consumo de yogur y la duración del sueño en ninguno de los momentos evaluados. En el caso del queso, tampoco se encontraron diferencias al inicio del estudio ni a los 3 meses. Sin embargo, a los 6 meses, un consumo elevado de queso (≥ 7 raciones por semana) se asoció con una menor prevalencia de sueño insuficiente.
Los análisis adicionales confirmaron esta asociación, aunque los autores señalan que el tamaño limitado de la muestra reduce la potencia estadística del estudio. Por ello, los resultados deben interpretarse con cautela y considerarse una tendencia preliminar que requiere confirmación en investigaciones futuras con un mayor número de participantes.
Este estudio analizó la relación entre el consumo de queso y yogur y la duración del sueño en niños en edad preescolar. Los autores destacan que ambos alimentos contienen nutrientes y compuestos bioactivos potencialmente relacionados con la regulación del sueño, como el triptófano, el calcio y los péptidos derivados de la caseína. El triptófano es un precursor clave de la serotonina y la melatonina, moléculas implicadas en el inicio y mantenimiento del sueño.
Además, algunos estudios sugieren que determinados péptidos bioactivos presentes en los lácteos podrían ejercer efectos ansiolíticos y sedantes mediante la regulación de neurotransmisores y de la comunicación entre el intestino y el cerebro. Tanto el queso como el yogur contienen probióticos, y la modulación de la microbiota intestinal se ha relacionado con mejoras en el sueño a través de mecanismos que incluyen la regulación de neurotransmisores, citocinas y genes circadianos.
Los resultados del estudio mostraron que un consumo elevado de queso (≥ 7 raciones por semana) se asoció con una menor probabilidad de sueño insuficiente a los 6 meses de seguimiento. Sin embargo, no se observó una asociación significativa entre el consumo de yogur y la duración del sueño. Los autores plantean que estas diferencias podrían estar relacionadas con la distinta composición microbiana de ambos productos, ya que el proceso de fermentación y maduración del queso podría favorecer una comunidad microbiana más diversa y estable.
Asimismo, los autores sugieren que el posible efecto beneficioso del queso sobre el sueño podría estar relacionado no solo con su contenido en probióticos, sino también con la presencia de grasas, especialmente ácidos grasos insaturados, y micronutrientes que podrían favorecer la biodisponibilidad de compuestos implicados en la regulación del sueño. Además, los resultados apuntan a un posible efecto acumulativo o retardado, ya que la asociación entre un consumo elevado de queso y una menor prevalencia de sueño insuficiente solo se observó a los 6 meses de seguimiento. Esto coincide con investigaciones previas que indican que los probióticos podrían necesitar un consumo continuado para modular la microbiota intestinal y sus metabolitos a largo plazo.
De acuerdo a los autores, este es el primer estudio prospectivo que analiza la relación entre el consumo de queso y yogur y la duración del sueño en niños en edad preescolar, incorporando además el ajuste de numerosos factores de confusión para aumentar la fiabilidad de los resultados.
No obstante, el estudio presenta algunas limitaciones. Tanto la alimentación como la duración del sueño se evaluaron mediante cuestionarios cumplimentados por los padres, lo que puede introducir sesgos de recuerdo. Asimismo, no fue posible cuantificar el contenido específico de probióticos en los productos consumidos y no puede descartarse la influencia de otros hábitos familiares relacionados con la salud. Por último, existió un elevado porcentaje de datos faltantes y el tamaño de la muestra fue limitado, especialmente en los niños con mayor consumo de queso. Aun así, la consistencia observada entre los distintos modelos estadísticos refuerza la posibilidad de un beneficio a largo plazo asociado al consumo frecuente de queso.
Conclusiones
Este estudio aporta evidencia preliminar de que un consumo frecuente de queso podría asociarse con una menor probabilidad de sueño insuficiente en niños en edad preescolar. Aunque no se observó la misma relación con el yogur, estas diferencias resaltan la importancia de analizar de forma específica el posible papel de cada producto lácteo sobre la salud infantil.
A pesar de las limitaciones relacionadas con el tamaño de la muestra y los métodos de evaluación, los hallazgos contribuyen a ampliar el conocimiento sobre la relación entre la microbiota intestinal, la alimentación y el sueño durante la infancia. Por ello, futuras investigaciones serán importantes para intentar comprender los mecanismos implicados y avanzar hacia el desarrollo de recomendaciones dietéticas basadas en la evidencia.
Fuente
El artículo está disponible en el siguiente enlace (versión original en inglés).
Referencia
Lin C, Yang Z, Yuan Y, Lai X, Fu S, Pan D. Association of cheese and yogurt intake with sleep duration in preschool-aged children: a 6-month prospective cohort study. Front Nutr. 2026;12:1685564. Published 2026 Jan 5. doi:10.3389/fnut.2025.1685564
Elaboración y revisión del artículo científico
El presente contenido ha sido elaborado y revisado por colaboradores de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) y de SNH Global


