Consumo de productos lácteos y su relación con la composición corporal en niños y adolescentes

CASANDRA MADRIGAL ARELLANO
Doctora en Nutrición y Ciencia de los Alimentos por la Universidad de Granada
Colaboradora de la Fundación Iberoamericana de Nutrición FINUT y de SNH Global


Durante la infancia y la adolescencia, el consumo de la leche y productos lácteos es fundamental, ya que aportan energía, proteínas y micronutrientes esenciales como calcio, magnesio, zinc, yodo, fósforo y vitaminas A, D, K y B12.

De acuerdo con las Guías Alimentarias para los Estadounidenses 2020-2025, el grupo de lácteos incluye leche desnatada o semidesnatada, yogur, queso, leche o yogur sin lactosa. La ingesta diaria recomendada oscila entre 2,5 tazas diarias para niños de 2 a 8 años y 3 tazas para los de 9 a 18 años.

Una ingesta adecuada de productos lácteos se asocia con múltiples beneficios para la salud, entre ellos una mayor densidad mineral ósea, menor riesgo de fracturas y menor riesgo cardiovascular, mejor control del peso corporal y prevención de sobrepeso y de la obesidad. Sin embargo, la calidad de ciertos productos lácteos influye significativamente: los lácteos con alto contenido en grasas saturadas o azúcares podrían tener efectos metabólicos adversos.

Recientemente se ha publicado un estudio que lo ha revisado en población infantil mejicana.

Antecedentes

En la población mejicana, las investigaciones muestran un descenso en la calidad de los productos lácteos, observándose un aumento del azúcar añadido en bebidas lácteas aromatizadas y yogures bebibles, lo que resulta preocupante dado que uno de cada tres niños presenta sobrepeso y uno de cada cuatro obesidad. Esta situación plantea un desafío importante para la salud pública y destaca la necesidad de evaluar tanto la cantidad como la calidad de los lácteos consumidos.

El estudio

En este contexto, el objetivo del estudio fue analizar las asociaciones entre la cantidad y calidad del consumo de productos lácteos y la composición corporal de niños y adolescentes mexicanos.

El estudio utilizó datos del proyecto Valores de referencia de la composición corporal en la población pediátrica mexicana, con una muestra representativa de niños y adolescentes (4–18 años) de la Ciudad de México. Los participantes fueron reclutados aleatoriamente en escuelas entre 2015 y 2019, cumpliendo criterios de salud y el consentimiento informado.

Las evaluaciones clínicas y nutricionales se realizaron en la Unidad de Investigación Epidemiológica Clínica del Hospital Infantil de México Federico Gómez. Se midieron el peso, talla y el Índice de Masa Corporal (IMC) siguiendo estándares de la Organización Mundial de la Salud (OMS), y la composición corporal se determinó mediante absorciometría dual de rayos X, obteniendo la masa grasa, masa magra y contenido mineral óseo.

La dieta se evaluó con recuerdos de 24 horas y un cuestionario de frecuencia de consumo validado, estimando la ingesta total y calidad de productos lácteos mediante el software Food Processor®. Los lácteos se clasificaron en buena calidad (sin azúcares ni exceso de grasas o sodio) y mala calidad (con azúcares añadidos o alto contenido graso/sódico).

Se aplicaron cuestionarios sobre actividad física, sueño y tiempo frente a pantallas, basados en la ENSANUT y el IPAQ. Los análisis estadísticos incluyeron pruebas no paramétricas y regresiones lineales para evaluar la relación entre el consumo de lácteos y la composición corporal, ajustando por variables demográficas y de estilo de vida.

Resultados del estudio

El estudio incluyó 1840 niños y adolescentes mexicanos de entre 4 y 18 años (52 % mujeres), de los cuales 16 % presentaba obesidad y otro 16 % sobrepeso. El consumo promedio de productos lácteos fue de 4,0 ± 2,4 porciones/día, principalmente de buena calidad, y el 57 % cumplían las recomendaciones internacionales. La leche entera fue el producto más consumido, sin diferencias significativas por edad, sexo o categoría de IMC.

Se observó una asociación inversa significativa entre el consumo de productos lácteos y el IMC: por cada porción adicional de lácteos, el IMC disminuyó en 0,11 kg/m² (p < 0,001), incluso tras ajustar por edad, sexo, actividad física, sueño y tiempo frente a pantallas. El consumo de lácteos de buena calidad mostró una relación aún más fuerte con menor IMC (−0,17 kg/m²; p < 0,001), mientras que el consumo de lácteos de baja calidad “lácteos azucarados” (como leches aromatizadas o postres lácteos) se asoció con una mayor adiposidad y menor masa magra. No se hallaron asociaciones significativas con el contenido ni la densidad mineral ósea.

Lo que nos dicen estos hallazgos

Los resultados reflejan las consecuencias de la transición nutricional que atraviesa México, caracterizada por el abandono de patrones tradicionales y el aumento de consumo de alimentos ultraprocesados, especialmente entre niños y adolescentes. En este contexto, los productos lácteos han experimentado tanto una disminución en su consumo como un deterioro en su calidad nutricional, con mayor presencia de opciones azucaradas.

Estos hallazgos amplían la evidencia previa al mostrar que los niños y adolescentes mexicanos no solo consumen menos lácteos, sino que además optan por versiones menos saludables, lo que puede afectar negativamente a su crecimiento y composición corporal. El mayor consumo de lácteos de baja calidad se relacionó con más adiposidad y menor desarrollo de masa magra, lo que concuerda con investigaciones que vinculan las dietas pobres en proteínas de alta calidad y ricas en azúcares con mayor riesgo de obesidad y disfunción metabólica.

Aunque no se detectaron asociaciones con la salud ósea, es posible que esta relación esté modulada por factores genéticos, hormonales o del desarrollo puberal, además de las limitaciones inherentes al diseño transversal. No obstante, el uso de absorciometría dual de rayos X fortaleció la validez de los resultados al ofrecer mediciones precisas de los compartimentos corporales.

Conclusiones

En conjunto, los resultados ponen de manifiesto la importancia de promover no solo la cantidad, sino la calidad de los productos lácteos en la dieta infantil. Las políticas de salud pública deben fomentar el consumo de leche, yogur y queso naturales, diferenciándolos claramente de las bebidas azucaradas al tiempo que limiten su disponibilidad y su consumo con el objetivo de prevenir la obesidad y favorecer un crecimiento saludable.

Fuente
El artículo está disponible en el siguiente enlace (versión original en inglés).

Referencia
Partida-Gaytan, A.; Montiel-Ojeda, D.; Clark, P.; Lopez-Gonzalez, D. Quantity and Quality of Dairy Product Intake and Their Relationship with Body Composition in Children and Adolescents from Mexico City. Nutrients 2025, 17, 2705. https://doi.org/10.3390/nu17162705

Elaboración y revisión del artículo científico
El presente contenido ha sido elaborado y revisado por colaboradores de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) y de SNH Global

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«Especial evidencias Omega 3 DHA»

Autores: Instituto Puleva de Nutrición

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