Vitamina D: ¿por qué debemos darle importancia?

JORGE MUÑOZ RUEDA
Pediatra
Director Médico, Espacio Jorge el Pediatra. Palma de Mallorca


La vitamina D se ha considerado siempre un nutriente clave en todas las etapas de la vida, pero especialmente en la etapa infantil y la adolescencia por ser poblaciones en riesgo de déficit, por su relevancia en la absorción del calcio y el crecimiento óseo, y para prevenir la osteoporosis, la osteopenia y la osteomalacia en la edad adulta. Además, tiene otras funciones muy importantes en el organismo como la participación en la trasmisión del impulso nervioso, en la contracción muscular, y en la defensa frente a bacterias y virus, entre otras. Recientemente se han publicado estudios indicando que la vitamina D también juega un papel en ciertos cánceres, en la presión arterial, la diabetes y algunas enfermedades autoinmunes. En definitiva, participa en un gran número de procesos del organismo, por lo que tener los niveles adecuados se considera esencial para el buen funcionamiento de éste. Sin embargo, existe una carencia generalizada de esta vitamina, lo que puede comprometer la salud de los individuos.

¿Es suficiente la exposición solar?

Si bien es cierto que la principal fuente de vitamina D del organismo es la síntesis endógena mediante la exposición solar, se ha demostrado que es insuficiente y que debe incorporarse a través de la dieta. Se calcula que la exposición de la cara y las manos a la luz solar durante 15 minutos tres veces a la semana puede proporcionar cantidades adecuadas de vitamina D. Sin embargo, hay factores que influyen en esta síntesis, como:

o La incidencia de la radiación solar: cuanto más oblicuos son los rayos del sol, menor es la síntesis cutánea de vitamina D, por lo tanto, la hora del día, la estación y la latitud son factores que influyen en gran medida. La síntesis está muy reducida en las primeras y últimas horas del día, así como en los lugares más alejados del ecuador, porque el ángulo oblicuo con el que los rayos del sol atraviesan la atmósfera produce una dispersión y absorción de los rayos UV de tal forma que la cantidad de rayos solares que llega a la superficie terrestre es reducida y, por lo tanto, la síntesis cutánea de vitamina D es menor. Se considera que en los meses de invierno en lugares por encima de los 35-40° de latitud (la península ibérica está entre los 36-43,5°), el número de fotones de UVB que llega a la atmósfera terrestre disminuye un 80-100%, no consiguiendo el umbral mínimo requerido para inducir la síntesis de vitamina D y, por lo tanto, su producción es insignificante durante estos meses.

o La edad: los ancianos presentan menor cantidad de 7-dehidrocolesterol en su piel, un derivado del colesterol que se convierte fotoquímicamente en vitamina D3, por lo que su capacidad de producción de vitamina D está reducida.

o La pigmentación de la piel: la melanina, al igual que las cremas de protección solar, absorbe los fotones solares antes de que estos penetren en la piel comportándose como un protector solar natural, de manera que cuanto más oscura es la piel, menos vitamina sintetiza. Se estima que las personas de piel oscura requieren hasta 5 o 10 veces más exposición solar que las de piel clara para sintetizar cantidades similares de vitamina D.

o La contaminación atmosférica: tanto la contaminación como la nubosidad disminuyen la cantidad de radiación solar que llega a la superficie terrestre.

Esto, sumado a los confinamientos a causa de la COVID-19 y al uso de protección solar para evitar problemas como el cáncer de piel, hace que la alimentación juegue un papel crucial en los niveles basales de vitamina D del organismo.

¿Cómo compensarlo a través de la alimentación?

La realidad es que el 94% de los españoles tiene ingestas deficitarias de esta vitamina, según el Estudio ANIBES, lo que supone una preocupación de salud pública. Además, son muy pocos los alimentos que la contienen de forma natural siendo las principales fuentes alimentarias las leches y productos lácteos, los pescados y mariscos -que no siempre se pueden consumir con la frecuencia que se debería por su contenido de mercurio-, y los huevos. Ante esta preocupación se plantea el consumo de alimentos fortificados en vitamina D, como las leches y los productos lácteos, los cereales o los zumos, dentro de una alimentación variada y equilibrada, que en algunos países como Estados Unidos ya supone la mayor ingesta de esta vitamina en la dieta de la población.

En población infantil, y de acuerdo con el Estudio EsNuPI, la investigación más reciente y con la metodología más completa de los últimos años llevado a cabo en población infantil española de 1 a <10 años, los niños que consumen leches enriquecidas tienen mayores ingestas de vitamina D y se adecúan mejor a las recomendaciones establecidas por los organismos de salud. Tanto es así que los niños consumidores de leches fortificadas tienen ingestas de vitamina D entre 2 y 3 veces mayores que los que no las consumen. Por su parte, los estudios ALSALMA y ENALIA también encontraron resultados similares, es decir, existen grandes deficiencias de ingesta de vitamina D en niños y adolescentes, que hay que atajar para evitar problemas de salud presentes y futuros.

Un déficit prolongado de vitamina D puede causar raquitismo en niños y osteomalacia en adolescentes y adultos. Los niños (1-13 años) deben ingerir 15 mcg (600 UI) al día de esta vitamina, que, traducido a alimentos, se consigue consumiendo una ración de atún que aporta 37 mcg, un vaso de leche enriquecida que aporta 3,75 mcg o un huevo que aporta 1 mcg.

Intoxicación por Vitamina D, ¿es posible?

Un aspecto positivo es que las intoxicaciones por exceso de vitamina D no suelen darse y en los casos en los que sucede no es por exposición prolongada al sol ni por la ingesta excesiva de alimentos ricos en esta vitamina, sino por una mala prescripción médica, o por tomar los suplementos sin consultarlo antes con un profesional, causando síntomas como debilidad, falta de apetito, náuseas, vómitos, pérdida de peso o estreñimiento. Al aumentar los niveles de calcio en sangre también tendría consecuencias a nivel renal, neurológico y cardiaco.

Conclusión

La población española y en particular los niños españoles necesitan mejorar las ingestas de vitamina D ya que se ha visto que las ingestas están muy por debajo de las recomendaciones.

La radiación solar, el consumo de alimentos con vitamina D -ya sea de forma natural o enriquecidos, como la leche- son la base para conseguir niveles adecuados de vitamina D lo que aseguraría un adecuado crecimiento y salud ósea futura, además de evitar los posibles efectos negativos de la carencia de esta vitamina clave.

PUBLICACIONES


INFORME FEN-FINUT

“La leche como vehículo de salud para la población”

Revisión sistemática de la Fundación Española de Nutrición y Fundación Iberoamericana de Nutrición (2015)

Bibliografía
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– López-Sobaler AM, Aparicio A, González-Rodríguez LG, Cuadrado-Soto E, Rubio J, Marcos V, Sanchidrián R, Santos S, Pérez-Farinós N, Dal Re MÁ, et al. Adequacy of Usual Vitamin and Mineral Intake in Spanish Children and Adolescents: ENALIA Study. Nutrients 2017, 9, 131.

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