El papel de los Omega-3 y la vitamina D en el manejo de la artritis reumatoide
MARÍA JOSÉ SOTO MÉNDEZ
Doctora en Nutrición y Ciencia de los Alimentos por la Universidad de Granada
Colaboradora de la Fundación Iberoamericana de Nutrición FINUT
La artritis reumatoide (AR) es una enfermedad autoinmune crónica caracterizada por inflamación de la membrana sinovial, con dolor, rigidez, tumefacción articular y pérdida progresiva de función, que puede conducir a erosión ósea y deformidad y afectar también a otros órganos como corazón, pulmones o sistema nervioso. A nivel mundial, se estima que afecta aproximadamente al 0,24% de la población adulta, con una prevalencia 2–3 veces mayor en mujeres que en hombres, tiene un impacto psicológico y económico notable, debido a la discapacidad, la disminución de la calidad de vida y los elevados costes sanitarios, principalmente asociados a fármacos y a pérdidas de productividad.
Antecedentes
El tratamiento de la AR se basa en antiinflamatorios no esteroideos, corticoides y, de forma central, fármacos modificadores de la enfermedad, tanto convencionales como biológicos. Aunque estos tratamientos son eficaces, se asocian a efectos adversos y a un coste elevado, lo que ha impulsado el interés por estrategias complementarias, como cambios dietéticos, incremento de la actividad física y suplementación con nutrientes específicos.
Los ácidos grasos omega-3 de cadena larga (EPA y DHA) pueden modular la inflamación al competir con el ácido araquidónico, reduciendo la producción de citocinas proinflamatorias como IL-1, IL-6 y TNF-α. La vitamina D participa en la regulación de la respuesta inmune innata y adaptativa, y se ha observado una alta prevalencia de déficit de vitamina D en pacientes con AR, asociada a mayor severidad clínica.
Las intervenciones no farmacológicas, como la suplementación con ácidos grasos y vitamina D, se han propuesto como apoyo al tratamiento farmacológico habitual de la AR. Sin embargo, los ensayos clínicos han ofrecido resultados dispares respecto a su impacto real sobre la actividad de la enfermedad y la calidad de vida de los pacientes. Para aportar una visión integrada, se ha realizado una revisión sistemática y metaanálisis de ensayos clínicos aleatorizados que evaluaron los efectos de los ácidos grasos (principalmente omega-3) y de la vitamina D sobre distintos desenlaces clínicos en pacientes con AR.
El estudio
Los autores llevaron a cabo una búsqueda sistemática en MEDLINE (PubMed) y la Cochrane Central Register of Controlled Trials (CENTRAL) entre 2000 y enero de 2025. Se seleccionaron ensayos clínicos aleatorizados (RCT) en adultos (≥18 años) con AR definida según criterios del American College of Rheumatology o la American Rheumatism Association, que comparasen la administración de ácidos grasos o vitamina D frente a placebo o tratamiento convencional, en pacientes con tratamiento farmacológico estable (DMARDs, metotrexato o glucocorticoides).
En total, se incluyeron 24 ensayos clínicos aleatorizados con 1.713 pacientes, de los cuales 14 evaluaban ácidos grasos (principalmente omega-3 procedentes de aceite de pescado, aceite de hígado de bacalao, mezclas de PUFA o aceites vegetales ricos en ácido gamma-linolénico) y 10 analizaban vitamina D (colecalciferol, calcitriol, análogos de vitamina D, vitamina D2) como intervención complementaria. Las intervenciones se compararon frente a placebo (por ejemplo, aceites vegetales inertes, solución salina) o frente a tratamiento estándar sin suplemento añadido.
Los desenlaces clínicos se midieron a través del Disease Activity Score en 28 articulaciones (DAS28), recuento de articulaciones dolorosas, recuento de articulaciones inflamadas, evaluación global del paciente, cuestionario de evaluación de la salud y escala visual analógica para el dolor. Para el metaanálisis, se calcularon las diferencias de medias (DM) entre el cambio desde el inicio al final del estudio en los grupos de intervención y control, utilizando modelos de efectos aleatorios e interpretando la heterogeneidad mediante la estadística I². El riesgo de sesgo se valoró con la herramienta de la Colaboración Cochrane.
Resultados del estudio
Suplementación con ácidos grasos omega-3
En el metaanálisis, la suplementación con ácidos grasos (principalmente omega 3 procedentes de aceites de pescado o mezclas de PUFA) mostró un efecto beneficioso moderado sobre varios parámetros clínicos de la AR cuando se añadía al tratamiento farmacológico convencional. Los ensayos incluidos indicaron una ligera reducción de la actividad global de la enfermedad, medida por el DAS28, con una diferencia media cercana a −0,2 puntos frente al grupo control, lo que apunta a una mejoría modesta pero consistente en el conjunto de estudios.
De forma más clara, el número de articulaciones dolorosas se redujo en torno a 2–3 articulaciones de media, una diferencia que, aunque no “cura” la enfermedad, sí puede percibirse como clínicamente relevante para muchos pacientes, especialmente en términos de menor sensibilidad articular y mayor confort en las actividades cotidianas. Además, los ácidos grasos se asociaron con una pequeña mejoría en la función física evaluada mediante el cuestionario de evaluación de la salud, reflejando un ligero aumento en la capacidad para realizar tareas diarias. En cambio, los resultados fueron menos concluyentes para el recuento de articulaciones inflamadas, la valoración global del paciente y el dolor medido con escala visual analógica, probablemente por la elevada heterogeneidad entre estudios (dosis, duración, tipo de preparado, características de los pacientes) y por el peso de factores subjetivos en estas medidas.
Suplementación con vitamina D
En el caso de la vitamina D, los resultados fueron más discretos y heterogéneos, con beneficios limitados y menos consistentes que los observados para los ácidos grasos. Los ensayos incluidos emplearon diferentes formas de vitamina D (colecalciferol, calcitriol, análogos como 22‑oxa‑calcitriol, vitamina D2), con dosis muy variadas y duraciones de seguimiento relativamente cortas en muchos casos, lo que dificulta la comparación directa entre estudios.
Globalmente, el metaanálisis no mostró una reducción clara ni estadísticamente significativa de la actividad global de la artritis reumatoide medida por el DAS28 cuando se añadía vitamina D al tratamiento estándar, ni cambios consistentes en el número de articulaciones dolorosas o inflamadas, en la valoración global del paciente o en el dolor evaluado mediante escala visual. Sin embargo, sí se observó una pequeña mejoría en la función física medida por el cuestionario de evaluación de la salud, con una reducción modesta pero significativa de la puntuación en el grupo suplementado, lo que sugiere un posible impacto favorable en la capacidad funcional diaria de los pacientes. Los autores consideran que, aunque la evidencia actual no permite recomendar de forma generalizada la vitamina D para mejorar de manera relevante la actividad clínica de la AR, podría ser razonable optimizar su estatus en pacientes con déficit, tanto por su papel óseo como por este posible beneficio funcional adicional.
En conjunto, los autores observaron que los ácidos grasos (sobre todo omega 3) mejoran varios aspectos clínicos de la artritis reumatoide, mientras que la vitamina D muestra efectos más modestos y menos constantes.
Conclusiones
Para la práctica clínica en atención primaria, estos hallazgos apuntan a que los suplementos de ácidos grasos omega-3 y, en menor medida, los suplementos de vitamina D podrían considerarse intervenciones complementarias al tratamiento farmacológico estándar en la AR, siempre de forma individualizada, valorando el estado nutricional, las comorbilidades, la medicación concomitante y las preferencias del paciente. No obstante, los autores subrayan que la evidencia disponible presenta limitaciones importantes (tamaño muestral reducido en muchos ensayos, heterogeneidad de dosis y duración, riesgo de sesgo y posible sesgo de publicación), por lo que se requieren ensayos clínicos multicéntricos, de mayor tamaño y mejor estandarizados para confirmar estos resultados y definir con mayor precisión qué pacientes podrían beneficiarse más de estas intervenciones.
Fuente
El artículo está disponible en el siguiente enlace (versión original en inglés).
Referencia
Xu, B., Liang, D., & Chen, G. (2025). Evaluation of the Clinical Outcomes Associated With the Use of Fatty Acids and Vitamin D in Rheumatoid Arthritis Patients: A Systematic Review and Meta-Analysis. Food science & nutrition, 13(7), e70473. https://doi.org/10.1002/fsn3.70473
Elaboración y revisión del artículo científico
El presente contenido ha sido elaborado y revisado por colaboradores de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT)


