¿Existe relación entre el consumo de lácteos y la obesidad abdominal?
MARÍA JOSÉ SOTO MÉNDEZ
Doctora en Nutrición y Ciencia de los Alimentos por la Universidad de Granada
Colaboradora de la Fundación Iberoamericana de Nutrición FINUT
Uno de los grandes retos para la salud pública es la obesidad abdominal, esto debido a su relación con enfermedades cardiovasculares, diabetes tipo 2 y otros trastornos metabólicos. En este contexto, la alimentación, y en concreto el consumo de productos lácteos, ha generado heterogeneidad de resultados: mientras algunos estudios apuntan a un posible efecto protector, otros no encuentran asociaciones claras. Para aclarar estas dudas, un equipo internacional de investigadores ha revisado de forma conjunta la evidencia disponible sobre la relación entre el consumo de lácteos y la obesidad abdominal en adultos.
Antecedentes
La obesidad abdominal, que suele medirse mediante el perímetro de cintura, se considera un factor de riesgo clave para múltiples enfermedades cardiometabólicas. En las últimas décadas, su prevalencia ha aumentado de forma notable en todo el mundo, con un impacto importante en la salud y en los costes sanitarios. Se estima, por ejemplo, que cada centímetro adicional de cintura por encima de los valores considerados adecuados se asocia con un incremento del gasto sanitario futuro, tanto en hombres (2 %) como en mujeres (1,5 %).
En paralelo, las guías dietéticas de diversos países recomiendan la inclusión de los lácteos dentro de un patrón de alimentación equilibrado, dado que aportan proteínas de alta calidad, calcio, potasio, fósforo, vitamina D y otros nutrientes. Sin embargo, la presencia de grasas saturadas en algunos productos lácteos, especialmente los enteros, ha generado preocupación sobre sus posibles efectos en el metabolismo y la salud cardiovascular. Estudios previos sobre lácteos y obesidad abdominal han mostrado resultados dispares, con diferencias según el tipo de producto (leche, yogur, queso), el contenido graso (desnatado vs. entero), el sexo y otras características de la población. Esta heterogeneidad justificaba la necesidad de una revisión actualizada que integrara los datos más recientes.
A continuación, se presenta una revisión sistemática y metaanálisis de dosis–respuesta de estudios epidemiológicos que evalúan la relación entre distintos tipos de lácteos y la obesidad abdominal en adultos.
El estudio
Los autores realizaron una búsqueda exhaustiva en diversas bases de datos (Scopus, Embase, Web of Science, MEDLINE–PubMed y Google Scholar) desde su inicio hasta febrero de 2025, siguiendo las recomendaciones PRISMA y registrando previamente el protocolo en PROSPERO (CRD42023468557).
Se incluyeron 28 estudios observacionales, de los cuales 6 eran cohortes y 22 estudios transversales, con un total de 353.547 participantes y 86.347 casos de obesidad abdominal. Estos artículos analizaron el consumo de lácteos totales y/o de productos específicos (leche, yogur o queso) como exposición, y la presencia de obesidad abdominal definida principalmente mediante perímetro de cintura según diferentes criterios, como el de NCEP-ATP III (National Cholesterol Education Program Adult Treatment Panel III), de la International Diabetes Federation o adaptaciones para poblaciones asiáticas o europeas).
Los métodos de evaluación dietética incluyeron principalmente cuestionarios de frecuencia de consumo de alimentos (FFQ) y recordatorios de 24 horas, lo que permitió estimar la ingesta de lácteos en distintas categorías (baja, media, alta) o en porciones/gramos al día. Para valorar la calidad metodológica, se utilizó la escala Newcastle–Ottawa y, además, se aplicó el sistema GRADE para evaluar la certeza global de la evidencia. Finalmente, se realizaron análisis de dosis–respuesta (lineales y no lineales) para estudiar cómo cambiaba la probabilidad de obesidad abdominal al aumentar de forma gradual la cantidad de lácteos consumidos.
Resultados del estudio
Al comparar el mayor consumo total de lácteos frente al menor, los autores observaron que las personas con ingestas más altas presentaban una reducción del 16% en la probabilidad de obesidad abdominal (OR 0,84; IC 95%: 0,76–0,93). En el análisis de dosis–respuesta lineal, cada incremento de 160 g/día de lácteos totales se asoció con una reducción adicional del 8% en las probabilidades de obesidad abdominal (OR 0,92; IC 95%: 0,86–0,98). Los análisis no lineales mostraron una relación con forma de U, lo que sugiere que existe un rango de consumo en el que los lácteos podrían ser especialmente beneficiosos, mientras que cantidades muy bajas o muy altas no aportarían la misma ventaja.
Cuando se analizaron productos concretos, el yogur destacó de forma especial: al combinar los datos de 9 estudios con 47.778 participantes, una mayor ingesta de yogur se asoció con una reducción del 21% en la probabilidad de obesidad abdominal (OR 0,79; IC 95%: 0,70–0,89). Además, el análisis estratificado según el contenido de grasa mostró que tanto el consumo de lácteos enteros en conjunto (OR 0,73; IC 95%: 0,54–0,97) como el de yogur (OR 0,79; IC 95%: 0,69–0,91) se relacionaron con menores probabilidades de obesidad central (27 % y 21 %, respectivamente). En cambio, otros productos como el queso no mostraron una asociación tan consistente con la obesidad abdominal.
Los autores señalan que, aunque existía heterogeneidad entre estudios, los resultados eran más robustos en las cohortes, donde el alto consumo de lácteos se vinculó de forma más clara con menor riesgo de obesidad abdominal. También observaron que, al excluir investigaciones con poblaciones menos representativas, la asociación inversa entre ingesta de lácteos y obesidad abdominal se mantenía e incluso se fortalecía. Estos hallazgos respaldan la idea de que los lácteos, particularmente los lácteos fermentados como el yogur, podrían desempeñar un papel relevante dentro de un patrón de alimentación saludable para el control de la grasa abdominal.
Conclusiones
Los resultados de la investigación sugieren que un mayor consumo de productos lácteos se asocia con menores probabilidades de obesidad abdominal en adultos, incluso cuando se trata de lácteos enteros. Los análisis apuntan a que incrementar de forma moderada la ingesta de lácteos totales podría contribuir a reducir el riesgo de acumular grasa en la zona abdominal, un factor clave en la prevención de enfermedades cardiometabólicas.
En particular, el consumo de yogur se relaciona de manera consistente con una menor obesidad central, posiblemente por su combinación de nutrientes y compuestos bioactivos en el contexto de una dieta equilibrada.
No obstante, los autores recuerdan que se trata de estudios observacionales y que la relación observada no implica necesariamente causalidad, por lo que serán necesarios más trabajos bien diseñados para confirmar estos resultados y profundizar en los mecanismos implicados.
Fuente
El artículo está disponible en el siguiente enlace (versión original en inglés).
Referencia
Rouhani, P., Mokhtari, E., Soltani, S., & Saneei, P. (2025). Consumption of Dairy Products and Abdominal Obesity in Adults: A Systematic Review and Dose-Response Meta-Analysis of Epidemiologic Studies with GRADE Assessment. Nutrition reviews, nuaf189. Advance online publication. https://doi.org/10.1093/nutrit/nuaf189
Elaboración y revisión del artículo científico
El presente contenido ha sido elaborado y revisado por colaboradores de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT)


