Intervenciones nutricionales en osteoartritis: mecanismos, evidencia clínica y oportunidades

JENNIFER BERNAL
Doctora en Nutrición y Ciencias Interdisciplinarias por la Universidad Simón Bolívar
Colaboradora de la Fundación Iberoamericana de Nutrición FINUT


La osteoartritis es una enfermedad articular muy frecuente, cuya prevalencia se ha duplicado entre 1990 y 2020. Constituye una causa importante de dolor crónico y discapacidad en todo el mundo y afecta principalmente a las rodillas, caderas y manos. En esta enfermedad, los cartílagos se deterioran progresivamente como consecuencia de procesos inflamatorios, estrés oxidativo (daño celular producido por radicales libres) y alteraciones metabólicas, lo que provoca rigidez articular y dificultad para realizar actividades cotidianas como caminar, subir escaleras o agarrar objetos. Este aumento de casos se relaciona, en parte, con el envejecimiento de la población, el incremento de la obesidad y el síndrome metabólico (conjunto de alteraciones como exceso de grasa corporal, hipertensión y cambios en el azúcar y el colesterol).

Los tratamientos actuales se centran, principalmente, en aliviar el dolor y mejorar la movilidad, pero no logran frenar completamente la progresión de la enfermedad. Por ello, en los últimos años ha crecido el interés por el papel de la alimentación y de los compuestos naturales como herramientas complementarias en la prevención y manejo de la osteoartritis.

Antecedentes

Tradicionalmente, la osteoartritis se consideraba una enfermedad debida al desgaste del cartílago. Sin embargo, hoy se sabe que es un trastorno complejo que afecta a toda la articulación, incluyendo el hueso subcondral, la membrana sinovial y los tejidos circundantes.

La inflamación crónica de bajo grado, el estrés oxidativo (daño celular producido por radicales libres), la disfunción metabólica y la alteración de las células del cartílago, son factores que contribuyen a su desarrollo. Patologías como la obesidad o el síndrome metabólico sobrecargan las articulaciones, generando señales inflamatorias que aceleran el daño en los cartílagos.

En este proceso se ve especialmente afectado el colágeno de tipo II, la molécula que da firmeza y soporte al cartílago articular. Al activarse ciertas enzimas (sustancias que aceleran reacciones químicas en el cuerpo) que lo degradan, este colágeno y otros componentes del tejido se rompen. Como resultado, el cartílago pierde elasticidad y la osteoartritis progresa.
En este escenario, la alimentación desempeña un papel relevante, ya que influye en el mantenimiento de un adecuado peso corporal, la inflamación sistémica, la microbiota intestinal y el equilibrio antioxidante del organismo. Por ello, la investigación actual busca determinar si determinados patrones dietéticos o compuestos bioactivos pueden ayudar a prevenir o ralentizar la enfermedad.

El Estudio

El artículo de Patel y colaboradores, “Intervenciones nutricionales en la osteoartritis: mecanismos, evidencia clínica y oportunidades”, publicado en la revista Nutrients, presenta una revisión narrativa de la literatura científica sobre el papel de la nutrición en la osteoartritis.

El objetivo del trabajo fue integrar la evidencia disponible, experimental, traslacional (investigación que busca aplicar los hallazgos del laboratorio y la investigación básica a la práctica clínica y a la salud de los pacientes) y clínica, para analizar cómo los patrones dietéticos, los compuestos naturales y los avances en sistemas de administración pueden influir en la aparición y progresión de la enfermedad. Para ello, los autores revisaron estudios publicados principalmente entre los años 2000 y 2025, priorizando revisiones sistemáticas, metaanálisis, ensayos clínicos y estudios sobre los mecanismos relacionados con la fisiopatología de la osteoartritis, la dieta, los nutracéuticos y las nuevas tecnologías de liberación de compuestos.

Resultados

La revisión muestra que la nutrición puede influir en la osteoartritis a distintos niveles, desde los mecanismos inflamatorios hasta la función del cartílago y la evolución clínica de los pacientes.

1. Patrones dietéticos

Dieta mediterránea (patrón alimentario tradicional basado en frutas, verduras, legumbres, aceite de oliva, pescado y bajo consumo de carne roja y alimentos procesados). Este patrón dietético se asocia con menor dolor articular y mejor función física. También se han observado mejoras en biomarcadores relacionados con la inflamación y el deterioro del cartílago.

Estos efectos se atribuyen a la composición nutricional de la dieta mediterránea, que es rica en grasas monoinsaturadas, polifenoles y ácidos grasos omega-3, componentes relevantes en los mecanismos biológicos de la osteoartritis. Las grasas monoinsaturadas presentes en el aceite de oliva contienen polifenoles con actividad antiinflamatoria, capaces de reducir la síntesis de citocinas proinflamatorias, óxido nítrico y prostaglandinas, moléculas implicadas en el dolor articular. Además, el consumo de pescado aporta ácidos grasos poliinsaturados, incluidos los omega-3, que pueden disminuir la expresión de mediadores inflamatorios asociados al deterioro del cartílago.

Dietas basadas en plantas (alimentación centrada en alimentos de origen vegetal como frutas, verduras, legumbres, cereales integrales y frutos secos). Este tipo de alimentación se ha relacionado con una menor producción de especies reactivas de oxígeno y con una reducción en la inflamación. Algunos estudios observacionales indican que una mayor ingesta de fitoquímicos se asocia con menor probabilidad de osteoartritis de rodilla.

Estos efectos podrían explicarse por su menor contenido en grasas saturadas y su mayor aporte de fibra y compuestos antioxidantes. La fibra presente en frutas, cereales y otros alimentos vegetales puede influir en los procesos metabólicos e inflamatorios, mientras que los antioxidantes ayudan a contrarrestar el estrés oxidativo que se produce en las articulaciones dañadas y que contribuye a la degradación del cartílago.

Dieta occidental (patrón alimentario caracterizado por alto consumo de grasas saturadas, azúcares, carnes procesadas y elevado aporte calórico). Este patrón se ha relacionado con un entorno metabólico desfavorable y con un aumento de los procesos inflamatorios sistémicos, factores que pueden favorecer la progresión de la enfermedad. Asimismo, puede promover la acumulación de lípidos en el cartílago y estimular la producción de mediadores proinflamatorios implicados en su deterioro.

2. Compuestos naturales y extractos vegetales

Existen compuestos bioactivos de origen vegetal que podrían contribuir al manejo de la osteoartritis. El interés por estos compuestos se basa en su capacidad para actuar sobre procesos clave de la enfermedad, especialmente la inflamación, el estrés oxidativo y la degradación del cartílago. Algunos de estos compuestos son los siguientes:

Curcumina (compuesto natural presente en la cúrcuma). En estudios experimentales se ha observado que puede inhibir vías inflamatorias implicadas en la osteoartritis y reducir la expresión de enzimas relacionadas con la degradación del cartílago. También puede modular proteínas implicadas en la respuesta inflamatoria y favorecer mecanismos celulares asociados a la protección del tejido articular, lo que sugiere un posible efecto condroprotector (capaz de proteger las células del cartílago y disminuir los procesos que favorecen su deterioro).

Boswellia serrata (resina vegetal tradicionalmente utilizada por sus efectos antiinflamatorios). Sus ácidos boswélicos han mostrado capacidad para reducir mediadores inflamatorios y marcadores relacionados con el daño del cartílago en modelos experimentales. En algunos estudios clínicos también se han observado mejoras sintomáticas en pacientes con osteoartritis, lo que sugiere un posible efecto antiinflamatorio y anticatabólico sobre la articulación.

Catequinas del té verde (polifenoles presentes en el té verde). El compuesto más estudiado, el EGCG, ha demostrado en estudios celulares y animales la capacidad de reducir la producción de óxido nítrico, disminuir la expresión de enzimas degradativas del cartílago y proteger a los condrocitos frente a la muerte celular. Estos efectos se relacionan con una reducción de la inflamación y con mecanismos que favorecen la preservación del tejido articular.

Gingeroles (compuestos fenólicos presentes en el jengibre). Entre ellos, el 10-gingerol ha mostrado efectos antioxidantes y antiinflamatorios en estudios experimentales. Se ha observado que puede activar rutas celulares relacionadas con la defensa antioxidante y reducir señales inflamatorias, lo que podría contribuir a mantener el equilibrio del cartílago y favorecer procesos de reparación tisular.

Resveratrol (polifenol presente en la piel de la uva y otros vegetales). Diversos estudios experimentales indican que puede reducir la inflamación, disminuir el estrés celular y proteger a los condrocitos frente a la apoptosis (muerte celular programada). También se ha asociado con una reducción de citocinas inflamatorias y de marcadores relacionados con la degradación del cartílago, lo que sugiere un posible papel protector en la articulación3. Evidencia clínica en humanos.

Nutracéuticos clásicos (colágeno en diferentes formas, glucosamina, condroitina). Además de estos extractos vegetales, la revisión incluye nutracéuticos clásicos utilizados en la práctica clínica, donde el objetivo es aportar o proteger la matriz del cartílago, entre ellos el colágeno de tipo II. En los ensayos y metaanálisis revisados, estos suplementos, solos o combinados entre sí, muestran en conjunto un efecto modesto pero significativo mejorando el dolor y la rigidez articular en algunos pacientes.
Las intervenciones dietéticas completas parecen generar efectos más consistentes, especialmente cuando implican pérdida de peso, cambios en el patrón de la dieta y mejoras en el perfil metabólico e inflamatorio.

4. Innovaciones en administración de compuestos

El uso de nanopartículas, podrían mejorar la biodisponibilidad de compuestos naturales, aumentar la permanencia en el tejido articular de los compuestos que calman la inflamación y dolor, además de proteger al cartílago.

Conclusiones

La alimentación puede desempeñar un papel relevante en la prevención y el manejo de la osteoartritis, aunque no sustituye a los tratamientos médicos convencionales.

Los patrones dietéticos saludables, especialmente los del mediterráneo o basadas en alimentos de origen vegetal, pueden reducir las señales de inflamación, mejorar la función física y contribuir al control del peso, lo que repercute positivamente en la evolución de la enfermedad. Los compuestos bioactivos y extractos vegetales muestran potencial para modular rutas inflamatorias y proteger el cartílago, pero sus beneficios clínicos suelen ser moderados y variables. La glucosamina, la condroitina y el colágeno de tipo II son un apoyo adicional en el tratamiento de la salud del cartílago, con efectos modestos, pero clínicamente relevantes en la mejora del dolor y la rigidez a corto plazo.

El futuro del campo probablemente dependerá de intervenciones más personalizadas, del uso de biomarcadores para seleccionar pacientes y del desarrollo de nuevas tecnologías que mejoren la biodisponibilidad de los compuestos naturales.

En conjunto, la nutrición se perfila como una herramienta complementaria dentro de un enfoque integral, preventivo y personalizado del tratamiento de la osteoartritis.

Fuente
El artículo está disponible en el siguiente enlace (versión original en inglés).

Referencia
Patel, M., Betanzos, G., Troka, M., Modi, J., Nageeb, G., Kaye, A. D., & Abd-Elsayed, A. (2026). Nutritional Interventions in Osteoarthritis: Mechanisms, Clinical Evidence, and Translational Opportunities. Nutrients, 18(2), 244.

Elaboración y revisión del artículo científico
El presente contenido ha sido elaborado y revisado por colaboradores de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT)

PUBLICACIONES


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Autores: Jesús Rodríguez Huertas, Avilene Rodríguez Lara, Olivia González Acevedo y María Dolores Mesa

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