¿Mejoran los lácteos la calidad del sueño? Evidencia reciente en población adulta

CASANDRA MADRIGAL ARELLANO
Doctora en Nutrición y Ciencia de los Alimentos por la Universidad de Granada
Colaboradora de la Fundación Iberoamericana de Nutrición FINUT y de SNH Global


Dormir menos de lo recomendado se asocia con un mayor riesgo de obesidad, diabetes y otros factores cardiovasculares. Además, no solo importa la duración, sino también la calidad, la regularidad y la satisfacción del sueño. En este contexto, organismos como la American Heart Association (AHA) recomiendan dormir entre 7 y 9 horas por noche; sin embargo, una proporción relevante de adultos no alcanza estas cifras, lo que refuerza la necesidad de identificar factores modificables que contribuyan a mejorar el descanso.

Entre ellos, la alimentación ha cobrado especial interés, ya que su relación con el sueño parece ser bidireccional. En particular, los productos lácteos podrían desempeñar un papel relevante: sus proteínas, como la caseína y el suero, son ricas en triptófano y pueden favorecer la producción de melatonina al aumentar sus niveles en sangre. Aunque los estudios clínicos han mostrado resultados inconsistentes y los estudios observacionales sugieren una posible asociación positiva entre el consumo de lácteos, especialmente leche, y una mejor salud del sueño, la evidencia presenta limitaciones metodológicas.

Los avances recientes en la medición objetiva del sueño mediante acelerometría permiten obtener datos más precisos en condiciones reales. Sin embargo, aún son escasos los estudios que analicen conjuntamente el consumo de lácteos y diferentes indicadores del sueño, tanto subjetivos como objetivos. Por ello, este estudio tuvo como objetivo investigar la asociación entre el consumo de lácteos y el sueño, medidos mediante acelerometría y cuestionarios, en una cohorte representativa a nivel nacional de adultos estadounidenses procedente de la National Health and Nutrition Examination Survey (NHANES).

Diseño del estudio: una mirada a la población estadounidense

Este estudio se basó en datos de la NHANES (2005–2020), una muestra representativa de la población adulta estadounidense. Tras aplicar criterios de exclusión —como edad, embarazo, uso de medicación para dormir o registros dietéticos no fiables—, se incluyeron 23.480 participantes en el análisis.

El consumo de productos lácteos (leche, yogur y queso) se evaluó mediante dos recordatorios dietéticos de 24 horas, estimando su ingesta media y clasificándolos por tipo y contenido en grasa. También se consideraron los lácteos fermentados y se excluyeron las alternativas vegetales.

La salud del sueño se analizó tanto de forma subjetiva, mediante cuestionarios sobre duración y dificultades para dormir, como objetiva, en un subgrupo que utilizó acelerómetros durante siete días. Esto permitió evaluar parámetros como la duración, la regularidad, la eficiencia y el horario del sueño, así como construir una puntuación global de sueño deficiente.

Además, se recogió información detallada sobre variables sociodemográficas, estilo de vida, dieta, índice de masa corporal, consumo de alcohol y síntomas depresivos, con el fin de controlar posibles factores de confusión.

¿Qué muestran los datos? Lácteos y patrones de sueño

En esta cohorte representativa, el consumo medio de lácteos fue de 1,76 raciones diarias, siendo la leche y el queso las principales fuentes. Las personas con mayor ingesta de lácteos tendían a ser más jóvenes, más activas físicamente y con hábitos de vida más saludables, aunque también presentaban un mayor consumo energético.

En relación con el sueño auto informado, un mayor consumo de lácteos —especialmente de leche— se asoció con una menor probabilidad de dormir tanto menos como más de lo recomendado, incluso tras ajustar por factores de confusión. Asimismo, un mayor consumo de lácteos totales y con mayor contenido en grasa se relacionó con menos problemas para dormir.

Respecto a las medidas objetivas, aunque varias asociaciones iniciales perdieron significación tras los ajustes, se observó que un mayor consumo de lácteos totales, queso y productos fermentados se asoció con una mayor regularidad del sueño. Además, el consumo elevado de yogur, queso y lácteos fermentados se relacionó con una menor probabilidad de presentar un perfil global de sueño deficiente.

En conjunto, estos resultados sugieren una posible relación beneficiosa entre el consumo de lácteos y distintos aspectos del sueño, sin diferencias relevantes según sexo o edad y con hallazgos consistentes en los análisis de sensibilidad.

Lácteos y sueño: ¿qué dice la evidencia científica?

En esta amplia muestra representativa de adultos estadounidenses, un mayor consumo de productos lácteos se asoció con una menor probabilidad de presentar una duración del sueño tanto corta (−16 %) como prolongada (−23 %), así como con menos dificultades para dormir (−14 %).

Los datos objetivos mostraron además que una mayor ingesta de lácteos, especialmente fermentados, se relaciona con una menor variabilidad en el horario del sueño y con una mayor regularidad. En conjunto, estos hallazgos sugieren que el consumo de lácteos, particularmente los fermentados, podría favorecer patrones de sueño más estables y reducir el riesgo de descanso inadecuado entre un 28 % y un 31 %.

Estos resultados son coherentes con estudios previos y podrían explicarse por el contenido en triptófano, precursor de la melatonina, y en micronutrientes como zinc y magnesio, implicados en la regulación del sueño. Asimismo, los lácteos fermentados podrían ejercer efectos adicionales a través de la modulación de la microbiota intestinal, favoreciendo bacterias beneficiosas como Lactobacillus y Bifidobacterium, y mediante mecanismos neuronales, inmunitarios, metabólicos y endocrinos que conectan el intestino con el cerebro.

No obstante, el queso, aunque también es un producto fermentado, presenta diferencias en su composición y viabilidad microbiana, por lo que sus efectos podrían no ser equivalentes.

En este estudio, el consumo de lácteos y leche se asoció con una duración adecuada del sueño según cuestionarios, pero no con las medidas objetivas. Esta discrepancia podría explicarse por la menor potencia estadística del subgrupo con datos objetivos y por la tendencia a sobreestimar la duración del sueño, que en este caso fue aproximadamente 44 minutos superior en los datos autoinformados.

Entre las limitaciones destacan el diseño transversal, que impide establecer causalidad, el posible sesgo de los datos autoinformados y la variabilidad en las preguntas sobre el sueño entre ciclos. Además, la evaluación dietética mediante recordatorios de 24 horas puede no reflejar completamente la ingesta habitual, aunque el método está validado. También se identifican limitaciones en la información sobre trabajo por turnos y la posible confusión residual.

Entre las fortalezas, destacan el carácter representativo de la muestra, el uso de múltiples medidas de dieta y sueño y el ajuste por numerosos factores de confusión. Asimismo, el uso de acelerometría permitió una evaluación más precisa y multidimensional del sueño.

Conclusión: los lácteos como aliados potenciales del sueño

En conjunto, los resultados muestran que el consumo de productos lácteos, especialmente los fermentados, se asocia con patrones de sueño más favorables, incluyendo una mayor probabilidad de dormir lo suficiente, menos dificultades para conciliar el sueño y una mayor regularidad. Estos hallazgos refuerzan el potencial de los lácteos como parte de una alimentación que favorece el sueño, un componente clave de la salud cardiometabólica. No obstante, se requieren más estudios para confirmar estas asociaciones y comprender sus mecanismos subyacentes.

Fuente
El artículo está disponible en el siguiente enlace (versión original en inglés).

Referencia
Guyonnet E, Andreeva VA, St-Onge MP. Total Dairy consumption is associated with healthy sleep patterns in U.S. adults. J Clin Sleep Med. 2026;22(1):10. Published 2026 Jan 5. doi:10.1007/s44470-025-00014-2

Elaboración y revisión del artículo científico
El presente contenido ha sido elaborado y revisado por colaboradores de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) y de SNH Global

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«La leche como vehículo de salud para la población»

Autores: FEN – FINUT

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