Omega-3 y función vascular: ¿en qué casos se observan más beneficios?

JENNIFER BERNAL
Investigadora.Grupo de Excelencia en Investigación “Nutrición para la Vida”
Dpto. Ciencias Farmacéuticas y de la Salud. Facultad de Farmacia. Universidad San Pablo CEU
Colaboradora de la Fundación Iberoamericana de la Nutrición (FINUT)


La Organización Mundial de la Salud estima que 5,7 millones de personas fallecerán debido a enfermedades cardiovasculares entre 2019 y 2030. Detrás de la principal causa de muerte en el mundo, se encuentra un denominador común: el deterioro progresivo de los vasos sanguíneos. Cuando las arterias pierden elasticidad, cuando su capa interna no responde adecuadamente o cuando las ondas de presión (impulsos mecánicos generados por cada latido del corazón) no llegan en el momento adecuado, el corazón se ve obligado a trabajar con mayor esfuerzo. En este contexto, la búsqueda de soluciones que preserven o restauren la salud vascular tiene especial importancia.

Los ácidos grasos omega-3, presentes de forma natural en los pescados azules y en diversas fuentes vegetales, llevan décadas siendo objeto de estudio por sus posibles efectos protectores sobre el sistema cardiovascular. Sin embargo, su impacto específico sobre la función vascular en personas con enfermedades cardíacas no ha sido suficientemente documentado, tampoco se conoce con precisión qué dosis resulta necesaria para obtener un beneficio clínicamente relevante. Preguntas como qué cantidad de omega-3 se debe consumir para lograr un efecto real, si todos los tipos de estos ácidos grasos actúan por igual o si realmente resultan eficaces en los pacientes ya diagnosticados permanecen sin una respuesta clara. Esta revisión contribuye a esclarecer algunas de estas interrogantes.

Antecedentes

La ciencia se ha interesado por los ácidos grasos omega-3 y la salud cardiovascular. A partir de los resultados del elevado consumo de pescado en poblaciones que mostraban una menor prevalencia de enfermedad coronaria; se identificaron tres tipos de omega-3: el ácido alfa-linolénico (ALA), de origen vegetal y los ácidos eicosapentaenoico (EPA) y docosahexaenoico (DHA), presentes en los aceites marinos. Estas grasas se han relacionado con la reducción de los niveles de triglicéridos, la modulación de la inflamación y los efectos antitrombóticos, entre otros mecanismos beneficiosos.

Los resultados de los ensayos clínicos sobre su efecto en la función vascular han reportado mejoras en la dilatación arterial con dosis de 2 g/día de EPA y DHA, sin embargo, otros estudios, no encontraron beneficio alguno. Esta variabilidad se atribuye, en parte, a las diferencias en las dosis de omega-3 empleadas, la duración de las intervenciones y el perfil clínico de los participantes. Además, se ha señalado que dosis más elevadas, en torno a los 6 g/día, podrían ser necesarias para reducir la rigidez arterial, lo que sugiere la existencia de una relación dosis-respuesta que los estudios previos no han explorado de forma sistemática.

El Estudio

El artículo de Norouzzadeh y colaboradores, titulado “Suplementación con ácidos grasos omega-3 y biomarcadores de salud vascular: una revisión sistemática y metaanálisis”, publicado en el Journal of the American Nutrition Association. Para alcanzar resultados muy sólidos, los investigadores recurrieron a una doble metodología: primero recopilaron y filtraron de manera sistemática toda la evidencia científica existente, luego integraron esos datos en un metaanálisis, una técnica estadística potente y precisa debido a que combina los hallazgos de varios simultáneamente. Para ello, se consultaron las principales bases de datos científicas, PubMed, Scopus, Web of Science y la Libraria de Cochrane, hasta el mes de mayo de 2025. La revisión incluyó 20 ensayos clínicos aleatorizados con una duración mínima de intervención de cuatro semanas, con más de 1.200 participantes.

El objetivo central fue evaluar la eficacia y la relación dosis-respuesta de los ácidos grasos omega-3 sobre biomarcadores de salud vascular en personas con enfermedades cardiovasculares. La relación dosis-respuesta describe el vínculo entre la cantidad de una sustancia o intervención (en este caso la suplementación con ácidos grasos omega-3) y el efecto que produce en el organismo (los efectos en los biomarcadores de la salud vascular). En términos sencillos: a más dosis, más respuesta. Este patrón es una de las evidencias más valoradas en ciencia, porque sugiere que el efecto observado no es casualidad, sino consecuencia directa de la exposición.

Resultados

El análisis de los 20 ensayos clínicos incluidos en esta revisión ofrece una imagen matizada del efecto de los omega-3 sobre la salud vascular: no todos los biomarcadores (velocidad de onda de pulso, índice de aumento y dilatación mediada por flujo) respondieron de la misma manera, y la dosis de omega-3 demostró ser un factor determinante. A continuación, se detallan los hallazgos para cada uno de los tres biomarcadores evaluados:

Velocidad de onda de pulso (medida que indica qué tan rígidas están las arterias). La suplementación con omega-3 no produjo mejoras significativas en la rigidez arterial medida mediante la velocidad de onda de pulso, independientemente del tipo de omega-3 utilizado, ya fuera el ALA (ácido alfa-linolénico) o la combinación de EPA (ácido eicosapentaenoico) y DHA (ácido docosahexaenoico). Este resultado se mantuvo incluso al analizar por separado a los pacientes con hipertensión y a los que padecían otras enfermedades cardiovasculares. Sin embargo, el análisis de dosis-respuesta reveló que la relación entre la dosis de omega-3 y su efecto sobre la velocidad de onda de pulso no es lineal. A dosis bajas, de aproximadamente 1 g/día, se observó un ligero aumento en la rigidez arterial, mientras que a partir de los 2 g/día ese efecto comenzó a revertirse, y solo a dosis de 6 g/día se registró una reducción significativa. Esto sugiere que para mejorar la rigidez arterial con el uso de los omega-3 requeriría de cantidades muy superiores a las que habitualmente se consumen o se prescriben.

Índice de aumento (cuantifica qué proporción de la carga de trabajo del corazón se debe al rebote de las ondas de presión arterial). A diferencia de lo observado con la rigidez arterial, los omega-3 sí redujeron de forma significativa el índice de aumento, lo que indica una mejora en la forma en que las arterias absorben el rebote de las ondas de presión, reduciendo así la carga de trabajo del corazón. Este efecto se observó considerando todos los tipos de omega-3 en conjunto, aunque al analizarlos por separado, ninguno alcanzó individualmente un efecto, posiblemente por el menor número de estudios disponibles para cada subgrupo. Un hallazgo que destaca es que esta mejora fue significativa únicamente en pacientes con hipertensión, lo que sugiere que este grupo de personas podría beneficiarse de forma particular de la suplementación con los omega-3.

Dilatación mediada por flujo (evalúa la capacidad de las arterias para dilatarse en respuesta al aumento del flujo sanguíneo, refleja el estado de salud del endotelio). Los ácidos grasos omega-3 mejoraron significativamente la función del endotelio, la capa interna de las arterias, medida a través de este parámetro. Este fue el indicador con mayor número de estudios disponibles, lo que otorga mayor solidez a los resultados. Al analizar por tipo de omega-3, la combinación de EPA y DHA mostró un efecto notablemente superior al del ALA, cuya mejora, aunque significativa, fue tan modesta que difícilmente tendría relevancia clínica práctica. El análisis de dosis-respuesta, demostró que el DHA posee una relación no lineal, con el mayor beneficio observado en torno a los 750 mg/día, mientras que el EPA presentó una relación lineal: por cada gramo adicional de EPA al día se registró una mejora aproximada del 1% en la dilatación mediada por flujo, siendo necesarios unos 1.650 mg/día para alcanzar un umbral de relevancia clínica. Las mejoras en este indicador se observaron principalmente en pacientes con enfermedades cardiovasculares establecidas, no en aquellos con hipertensión aislada.

Conclusiones

Los resultados de esta revisión ofrecen una visión precisa del papel de los ácidos grasos omega-3 en la salud vascular. La evidencia acumulada indica que estos ácidos grasos tienen capacidad para mejorar la función del endotelio (capa de células que recubre internamente los vasos sanguíneos) y reducir el rebote de las ondas de presión arterial, dos mecanismos vinculados al riesgo cardiovascular. El efecto sobre la rigidez arterial es limitado con las dosis de consumo habituales, aún así, con dosis más elevadas, difíciles de alcanzar se podría obtener un impacto significativo en este indicador.

El hallazgo central de este estudio es que la dosis importa, además de que no todos los ácidos grasos omega-3 actúan de la misma manera. El eicosapentaenoico (EPA) y el docosahexaenoico (DHA), presentes en el aceite de pescado, demostraron ser claramente superiores al ácido alfa-linolénico (ALA) de origen vegetal, y los análisis de dosis-respuesta apuntan a que serían necesarios aproximadamente 1.650 mg/día de EPA y 750 mg/día de DHA para obtener los beneficios vasculares. Asimismo, los resultados sugieren que el perfil del paciente determina en parte la respuesta: las personas con hipertensión parecen beneficiarse más en términos de reducción del rebote arterial, mientras que quienes ya tienen una enfermedad cardiovascular establecida responden mejor en la función endotelial.

En conjunto, estos hallazgos respaldan el uso de los ácidos grasos omega-3 como estrategia complementaria en el manejo de la salud vascular, aunque subrayan la necesidad de ensayos clínicos futuros con protocolos más estandarizados, dosis mejor definidas y poblaciones más homogéneas, que permitan traducir estos resultados en recomendaciones clínicas más precisas.

Fuente
El artículo está disponible en el siguiente enlace (versión original en inglés).

Referencia
Norouzzadeh, M., Hasan Rashedi, M., Hamidi, N., Karimi-Javan, N., Nourian, S., Hasanpour, M., … Teymoori, F. (2026). Omega-3 Fatty Acid Supplementation and Vascular Health Biomarkers – A Systematic Review and Meta-Analysis. Journal of the American Nutrition Association, 1–13.

Elaboración y revisión del artículo científico
El presente contenido ha sido elaborado y revisado por colaboradores de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT)

PUBLICACIONES


«El estilo de vida cardiosaludable»

Autores: Instituto Puleva de Nutrición

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