Índice Omega-3: biomarcador emergente en prevención cardiovascular
MARÍA DOLORES MESA
Instituto de Nutrición y Tecnología de los Alimentos “José MataixVerdú”. Departamento de Bioquímica y Biología Molecular II. Centro de Investigación Biomédica, Universidad de Granada.
Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada (ibs.GRANADA).
Los ácidos grasos poliinsaturados de cadena larga (AGPI-CL) de la serie omega-3, ácido eicosapentaenoico, (EPA; 20:5 n-3) y docosahexaenoico (DHA; 22:6 n-3), son componentes fundamentales de las membranas celulares, donde influyen en sus características físicas y funcionales. Entre otros mecanismos, en las células modulan la expresión génica de moléculas implicadas en mecanismos inflamatorios, agregación plaquetaria y funcionalidad vascular, procesos ligados a la salud cardiovascular. Dado que la síntesis endógena a partir de α-linolénico (18:3 n-3) es poco eficiente, es necesario incluirlos en la dieta para alcanzar los niveles óptimos en los tejidos y conseguir efectos cardioprotectores, principalmente en personas con enfermedad cardiovascular.1 Sin embargo, la incorporación a las membranas no sólo depende de factores personales que modulan la biodisponibilidad, sino también de la cantidad ingerida y de la matriz alimentaria que los vehiculiza.
El índice Omega-3 es un marcador que permite estimar el nivel de AGPI-CL omega-3 (EPA y DHA) que se han incorporado a las membranas del organismo, donde son funcionalmente activos, por lo que se ha propuesto como un biomarcador representativo de su presencia y del estado nutricional y fisiológico de las membranas, que refleja su ingesta y también esa variabilidad individual de biodisponibilidad. En 2008, este índice Omega-3 fue propuesto como un biomarcador de riesgo cardiovascular, estableciéndose la asociación de un índice menor de 4% con un mayor riesgo de eventos cardiovasculares, incluyendo la muerte súbita cardíaca, y valores por encima del 8 % como indicativos de una mayor protección cardiovascular.2
Efecto cardioprotector de los ácidos grasos Omega-3
Muchos trabajos han descrito el efecto cardioprotector, dosis-respuesta, de los AGPI-CL omega-3 procedentes del aceite de pescado, y la reducción del riesgo de mortalidad por causa cardiovascular y de muerte cardiaca súbita.3 Tanto el EPA como el DHA disminuyen la concentración de triacilglicéridos en sangre e inhiben la actividad plaquetaria y así el riesgo de trombosis. El DHA puede elevar las concentraciones de LDL, pero lo hace aumentando el tamaño de estas partículas, lo que disminuye su capacidad de penetración en la pared arterial y su potencial proinflamatorio y aterogénico. Además, se ha demostrado que el DHA mejora la función vascular, disminuye la frecuencia cardíaca y reduce la presión arterial en mayor medida que el EPA, lo que le confiere propiedades antiarrítmicas y de control vascular. Por otro lado, sus efectos específicos sobre los marcadores inflamatorios y el control de la glucosa en sangre no se consideran concluyentes, si bien se ha demostrado que ambos reducen el estrés oxidativo.4,5,6:
Sin embargo, algunos trabajos no han podido demostrar el efecto del EPA y DHA sobre la mortalidad total ni sobre los eventos cardiovasculares combinados,7 o han descrito beneficios mínimos, limitándose principalmente a una ligera protección coronaria y la reducción de triacilglicéridos.8 Resulta curioso que los estudios epidemiológicos sí describen una relación inversa entre los eventos clínicos cardiovasculares y la ingesta de EPA+DHA, de forma dosis-dependiente, mientras que los resultados de los ensayos clínicos de intervención a gran escala con suplementos de EPA y DHA no son concluyentes.9 Esta inconsistencia puede deberse a varios factores como:
1) la falta de cribado basal de los niveles de omega-3 en los participantes incluidos en los ensayos, es decir, se incluyen participantes y sin conocer su estado basal, que un factor que va a influir en la variabilidad individual de la respuesta a la ingesta;
2) muchos estudios utilizan dosis insuficientes, y
3) en los ensayos clínicos a gran escala no se suele promover que los participantes tomen los suplementos con comidas ricas en grasas para favorecer la biodisponibilidad.9
Todo esto ocasiona un solapamiento en los niveles finales de omega-3 entre los grupos de intervención y controles dificultando la interpretación de los resultados, y que debe ser tenido en cuenta en futuros estudios.
Índice Omgea-3
El índice Omega-3 se define como la suma de los porcentajes de EPA+DHA respecto al total de ácidos grasos presentes en los eritrocitos, que se determina mediante cromatografía gaseosa de los eritrocitos aislados, como método de referencia (gold-standard) por su elevada precisión y baja variabilidad. Durante la formación de estas células se incorporan los ácidos grasos disponibles y procedentes de la dieta en sus membranas, permaneciendo estables durante su vida media (aproximadamente 120 días). Por lo tanto, la determinación del perfil de ácidos grasos de los eritrocitos no sólo refleja la ingesta, además, refleja el estatus de EPA+DHA en estas células y también en el corazón y otros órganos, por lo que se considera un biomarcador a largo plazo del estado nutricional de omega-3 del individuo.10
Para reforzar la utilidad clínica del índice Omega-3, en los últimos años se ha intentado establecer un protocolo estandarizado y aceptado globalmente que unifique los criterios de medición, como el tipo de muestra, el número de ácidos grasos incluidos en el análisis y las condiciones del procesamiento y almacenamiento. Aunque la técnica de referencia es la cromatografía de gases, el aislamiento de los eritrocitos requiere bastante cantidad de sangre y mucho tiempo, por lo que lo la innovación en la recolección de muestras puede facilitar su uso clínico. Por este motivo, se ha validado un procedimiento en sangre completa (mancha seca), obtenida mediante punción en el dedo, que ha presentado una alta correlación (r = 0.96) con los datos obtenidos mediante el método de referencia, y que simplifica en gran medida la obtención y el procesamiento de las muestras, facilitando su utilización e implantación clínica.11 Sin embargo, esta metodología debe ser validada en diferentes poblaciones para adaptarla a diferentes perfiles dietéticos y fisiológicos.
Índice Omega-3 como biomarcador de riesgo cardiovascular
Es importante considerar que no existe ningún biomarcador que evalúe de forma exhaustiva el riesgo cardiovascular. En la actualidad, se utilizan combinaciones de factores de riesgo cardiovascular convencionales (por ejemplo, edad, sexo, presión arterial, colesterol sérico, hábito tabáquico) para cuantificar el riesgo de que una persona sufra eventos cardiovasculares. En este sentido, el índice Omega-3 está adquiriendo cada vez más importancia como biomarcador que complementa los factores de riesgo convencionales, tanto en estudios clínicos como en investigaciones a nivel poblacional. Su uso se ve respaldado por estudios que han descrito que la incidencia de infarto mortal es hasta 60 veces menor en poblaciones con alta ingesta de pescado graso (como Japón) que en poblaciones occidentales, a pesar de perfiles de riesgo cardiovascular similares.12 En adultos Yup’ik de Alaska con elevado consumo de alimentos marinos ricos en omega-3 se ha relacionado la mayor concentración de DHA en sangre con menor circunferencia de cintura y niveles de triacilglicéridos y colesterol no-HDL y con mayores niveles de HDL.13 También se han descrito niveles más elevados de DHA en plasma asociados con menor riesgo de mortalidad por todas las causas y menor riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, cáncer y cualquier otra causa en la cohorte del UK Biobank,14 y con valores de presión arterial más baja en individuos sanos, reforzando su potencial preventivo incluso antes de la aparición de alteraciones clínicas15 Estos efectos no se observan cuando la exposición se estima mediante cuestionarios dietéticos, lo que refuerza la utilidad del índice Omega-3 como biomarcador para evaluar con mayor precisión la relación entre estos ácidos grasos y salud cardiovascular.
Valores de referencia del Índice Omega-3
Los rangos de referencia del índice Omega-3 se basan en los resultados del estudio “Framingham Heart Study Offspring” que mostró que los individuos que se encontraban en el quintil más alto del índice Omega-3 (>6.8%) presentaban una mortalidad por todas las causas aproximadamente un 34% menor y una incidencia de enfermedad cardiovascular un 39% menor en comparación con el quintil más bajo (<4.2%), tras ajustar por 18 covariables.16 Otro estudio observó que los pacientes con cardiopatía isquémica estable tratados con estatinas y suplementados con EPA y DHA que alcanzaban un índice Omega-3 ≥4% tenían menos progresión de placa coronaria, incluyendo los subtipos fibrosa, calcificada y no calcificada, en comparación con aquellos con niveles <3.43.17 En comparación con valores más bajos, valores en el rango entre 8-11% (y no más allá del 11% para evitar posibles problemas hemorrágicos y de fibrilación) muestran efectos beneficiosos asociados sobre la mortalidad total, los eventos cardíacos adversos mayores y otros problemas cardiovasculares.18 La utilidad del índice Omega-3 en la estratificación del riesgo cardiovascular se basa en rangos de referencia claramente definidos por la evidencia clínica (Figura 1):
• <4% (Riesgo Alto): Asociado a una vulnerabilidad máxima para eventos coronarios y muerte súbita.
• 4-8% (Riesgo Intermedio): Zona de transición que requiere intervención nutricional o suplementación.
• 8-11% (Rango Objetivo Óptimo): Ventana terapéutica donde se maximizan los beneficios cardiovasculares preventivos.

Figura 1. Riesgo cardiovascular asociado al índice omega-3
El estudio ANIBES puso de manifiesto que la ingesta de ácidos grasos omega-3 de origen pesquero entre los adultos españoles mayores de 60 años se sitúa por debajo de las recomendaciones internacionales19. Actualmente, se está desarrollando el estudio OMEGAPRED (PIP-0265-2024, Consejería de Salud y Consumo de la Junta de Andalucía) para evaluar el índice de omega-3 en esta población, e investigar su relación con la salud cardiometabólica, teniendo en cuenta factores culturales y socioeconómicos, lo que permitirá identificar posibles objetivos de intervención destinados a mejorar la salud cardiovascular en los adultos mayores españoles.
Consideraciones finales
La capacidad del Índice Omega-3 para complementar biomarcadores de diagnóstico clásicos y mejorar la predicción no solo el riesgo cardiovascular, sino también la mortalidad total y la progresión de la enfermedad aterosclerótica, lo convierte en un biomarcador indispensable para la salud pública, que refleja el verdadero estado de omega-3 en el organismo de una forma más precisa que los cuestionarios, de ingesta. Además, el Índice Omega-3 resulta útil no solo para la evaluación del riesgo en personas sanas, como estrategia preventiva, sino también para evaluar la evolución y pronóstico en personas con enfermedades diagnosticadas.
La evidencia actual indica que alcanzar niveles superiores al 8% debe ser un objetivo clínico prioritario, comparable a la gestión de otros factores de riesgo tradicionales, y la estandarización de los protocolos analíticos y su inclusión en los sistemas nacionales de salud permitirán que las intervenciones nutricionales y de suplementación sean seguras, específicas y adaptadas a la biología única de cada paciente, garantizando así una protección cardiovascular optimizada.
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