¿Podrían los lácteos fermentados proteger frente al ictus?

CASANDRA MADRIGAL ARELLANO
Doctora en Nutrición y Ciencia de los Alimentos por la Universidad de Granada
Colaboradora de la Fundación Iberoamericana de Nutrición FINUT y de SNH Global


El accidente cerebrovascular (ACV) es una enfermedad caracterizada principalmente por síntomas de lesión cerebral isquémica o hemorrágica y ocupa el tercer lugar entre las principales causas de muerte y discapacidad a nivel mundial, después de la cardiopatía isquémica y la COVID-19. Además, el ACV continúa siendo una carga económica considerable tanto para la sociedad como para las familias. Se estima que, para el año 2050, la carga global del ACV podría aumentar en un 81 %, especialmente en los países de ingresos medios-altos. Por eso, prevenirlo es clave, y una forma de hacerlo es identificando factores de riesgo que podamos modificar.

En este contexto, la alimentación juega un papel fundamental, no solo por su influencia directa sobre la salud cardiovascular, sino también por su efecto sobre la microbiota intestinal, que son ese conjunto de bacterias que habita en nuestro intestino y que se comunica constantemente con nuestro cerebro a través del llamado eje intestino–cerebro. Cuando el equilibrio de la microbiota se altera, pueden aumentar factores de riesgo como la obesidad, la hipertensión o la glucosa alta en sangre, todos ellos relacionados con el riesgo de ACV.

Los productos lácteos fermentados, como el yogur, el queso o el suero de leche, son alimentos tradicionales que aportan probióticos: microorganismos vivos que benefician nuestro intestino y, a través de él, nuestra salud en general. Además, suelen ser mejor tolerados por quienes tienen intolerancia a la lactosa.

¿Qué nos dice la evidencia?

La evidencia hasta ahora es controvertida. No se ha establecido una relación clara dosis–respuesta y la mayoría de los estudios se han realizado en poblaciones europeas.

Por ello, se examinaron los datos de la Encuesta Nacional de Examen de Salud y Nutrición (NHANES) para evaluar la relación entre el consumo de lácteos fermentados, tanto en conjunto como de manera individual, y el riesgo de accidente cerebrovascular en adultos de EE. UU.

¿Cómo se realizó el estudio?

Se utilizaron datos de seis ciclos de la NHANES (2007–2018), una encuesta transversal representativa de la población adulta estadounidense. Participaron 27 487 adultos de ≥18 años con información completa sobre ACV, consumo dietético y variables de confusión. El diagnóstico de ACV se obtuvo mediante entrevistas presenciales, basadas en el autorreporte de un diagnóstico médico previo.

El consumo de lácteos fermentados se estimó con dos recuerdos dietéticos de 24 horas, incluyendo yogur, queso y suero de leche cultivado. Se calculó la ingesta media de cada producto y la ingesta total, clasificando a los participantes en no consumidores, baja ingesta y alta ingesta. También se consideraron múltiples covariables sociodemográficas, de estilo de vida, clínicas y dietéticas, incluido el consumo de leche de vaca.

¿Qué encontraron los resultados?

El estudio incluyó a 27 487 adultos, de los cuales 1 055 habían sufrido un ACV. El 59,8 % de los participantes consumía productos lácteos fermentados, principalmente queso (54,3 %) y yogur (14,8 %), mientras que el consumo de suero de leche fue insignificante. El ACV se asoció significativamente con múltiples factores sociodemográficos, de estilo de vida y clínicos, incluidos la edad, el nivel educativo, la raza, los ingresos, el tabaquismo, el índice de masa corporal (IMC), la actividad física, la hipertensión, la diabetes, la hiperlipidemia, las enfermedades cardiovasculares y el uso de medicación, pero no con el sexo.

La incidencia total de ACV fue del 2,40 %, con tasas del 2,0 % entre los consumidores de yogur y del 2,40 % entre los consumidores de queso. El análisis multivariante mostró una asociación inversa entre el consumo total de productos lácteos fermentados y el riesgo de ACV, especialmente para ingestas bajas a moderadas, aunque esta relación se atenuó tras el ajuste completo en los niveles de consumo elevados.

El consumo de yogur se asoció de forma consistente con un menor riesgo de ACV, particularmente a ingestas altas, mientras que no se observaron asociaciones significativas para el queso ni para el suero de leche tras el ajuste por variables de confusión. En los análisis por subgrupos, la asociación inversa entre el consumo total de lácteos fermentados y el riesgo de ACV fue más evidente en determinadas poblaciones, como personas blancas, fumadores, bebedores, individuos con sobrepeso, físicamente activos y sin enfermedades cardiovasculares o diabetes. Para el yogur, se observaron asociaciones negativas en subgrupos específicos, aunque sin diferencias significativas entre subgrupos.

Finalmente, el contenido de grasa del yogur y del queso no se asoció con el riesgo de ACV.

¿Se asocia el consumo de lácteos fermentados con un menor riesgo de accidente cerebrovascular?

Este estudio, (NHANES 2007–2018) sugiere que el consumo de productos lácteos fermentados se asocia con una menor incidencia de accidente cerebrovascular en la población adulta estadounidense. Entre los distintos tipos de lácteos fermentados evaluados, el yogur mostró la relación inversa más consistente con el riesgo de ACV, mientras que el queso y el suero de leche no presentaron asociaciones estadísticamente significativas.

Los resultados indican que, por cada incremento de 50 g/día en la ingesta total de productos lácteos fermentados, el riesgo de ACV se redujo en un 7 %. Un efecto de magnitud similar se observó específicamente para el yogur, siendo el consumo superior a 170 g/día el que mostró el mayor potencial protector. En contraste, la ausencia de asociaciones significativas para el queso podría estar relacionada con limitaciones en su clasificación dentro de la base de datos y con su perfil nutricional, caracterizado por un mayor contenido de grasas y sodio. En el caso del suero de leche, el reducido número de consumidores impidió extraer conclusiones firmes, a pesar de sus posibles propiedades beneficiosas.

Desde un punto de vista mecanicista, los beneficios observados podrían explicarse por la influencia de los productos lácteos fermentados sobre la microbiota intestinal y el eje intestino–cerebro. Estos alimentos constituyen una fuente relevante de probióticos, como Lactobacillus rhamnosus, Bifidobacterium lactis y Streptococcus thermophilus, asociados con efectos antiinflamatorios, reducción del IMC y mejora del entorno intestinal. La modulación de la microbiota podría influir indirectamente en factores de riesgo del ACV, como la obesidad, la diabetes y la hipertensión.

Además, los probióticos y sus metabolitos podrían contribuir a la regulación de la presión arterial, el metabolismo lipídico, la glucosa sanguínea y el estado inflamatorio. A ello se suma el elevado contenido de calcio de los lácteos fermentados, cuya mayor biodisponibilidad se ha asociado con una menor incidencia de ACV, posiblemente a través de efectos sobre la presión arterial y los niveles de colesterol.

Conclusión

Los resultados de este estudio muestran una asociación inversa entre el consumo de productos lácteos fermentados y el riesgo de accidente cerebrovascular en adultos estadounidenses, siendo el yogur el alimento que presenta la relación más consistente. La ingesta diaria de cantidades adecuadas de productos lácteos fermentados podría contribuir a la reducción del riesgo de accidente cerebrovascular, mientras que no se observaron asociaciones significativas para el queso ni para el suero de leche. Estos hallazgos aportan evidencia relevante que puede orientar futuras recomendaciones nutricionales en la prevención del accidente cerebrovascular.

Fuente
El artículo está disponible en el siguiente enlace (versión original en inglés).

Referencia
Ma, S., Miao, Y., & Wu, X. (2025). Fermented dairy products intake and stroke risk: analyses of NHANES 2007-2018 data. Frontiers in nutrition, 12, 1593174. https://doi.org/10.3389/fnut.2025.1593174

Elaboración y revisión del artículo científico
El presente contenido ha sido elaborado y revisado por colaboradores de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) y de SNH Global

PUBLICACIONES


«La leche como vehículo de salud para la población»

Autores: FEN – FINUT

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