Leche entera o desnatada: ¿qué relación tienen con la obesidad infantil?
CASANDRA MADRIGAL ARELLANO
Doctora en Nutrición y Ciencia de los Alimentos por la Universidad de Granada
Colaboradora de la Fundación Iberoamericana de Nutrición FINUT y de SNH Global
La leche de vaca es un alimento habitual durante la infancia y aporta una parte importante de la energía diaria de los niños. En Norteamérica y en muchos otros países, las recomendaciones de salud pública aconsejan sustituir la leche entera por leche desnatada a partir de los 2 años para reducir el consumo de grasas saturadas y el riesgo de obesidad. Sin embargo, estas recomendaciones se basan principalmente en estudios realizados en adultos y en un número limitado de investigaciones en población infantil.
Antecedentes
En 2019, la Guía Alimentaria de Canadá dejó de considerar la leche como un grupo de alimentos independiente y eliminó las recomendaciones de raciones específicas por edad. Aun así, continúa recomendando el consumo de leche con menor contenido en grasa a partir de los 2 años. La leche sigue siendo un alimento fundamental durante la primera infancia, ya que aporta hasta el 15,6 % de la ingesta energética diaria en niños canadienses de 2 a 5 años. Por ello, comprender cómo el contenido de grasa de la leche influye en el crecimiento y la adiposidad infantil resulta esencial para orientar futuras recomendaciones nutricionales. Además, la obesidad infantil constituye un importante problema de salud pública por su asociación con un mayor riesgo de enfermedades crónicas en la edad adulta.
Aunque algunos estudios recientes cuestionan que la leche entera favorezca el exceso de adiposidad, la evidencia sigue siendo limitada. La mayoría de las investigaciones se ha centrado en adolescentes o ha utilizado únicamente el índice de masa corporal (IMC), un indicador que no refleja la composición corporal.
El estudio
Con el objetivo de ampliar el conocimiento en este ámbito, investigadores del estudio canadiense CHILD analizaron la relación entre el contenido de grasa de la leche consumida a los 5 años y los indicadores de adiposidad y obesidad a los 5 y 8 años. Su hipótesis fue que los niños que consumían leche entera presentarían menores indicadores de adiposidad y una menor probabilidad de obesidad durante la infancia que aquellos que consumían leche desnatada.
Metodología
Los autores de este estudio analizaron datos del estudio canadiense CHILD, una amplia cohorte de nacimiento que siguió a los participantes desde la gestación hasta la infancia. Para este análisis se incluyeron los niños con información disponible sobre el tipo de leche consumida a los 5 años y sobre diferentes indicadores de adiposidad y obesidad a los 5 y 8 años.
La alimentación se evaluó mediante cuestionarios de frecuencia de consumo cumplimentados por los cuidadores, en los que se registró el contenido de grasa de la leche de vaca y la frecuencia de consumo. Para valorar la adiposidad se midieron el peso, la estatura, la circunferencia de la cintura y el porcentaje de masa grasa, además de calcular el IMC. Asimismo, la obesidad se clasificó tanto según los criterios de la Organización Mundial de la Salud como mediante una definición más reciente que incorpora otras medidas de adiposidad y alteraciones metabólicas.
Para minimizar posibles factores de confusión, los análisis tuvieron en cuenta variables como el nivel educativo y el IMC maternos, el peso al nacer, el sexo, el origen étnico, la lactancia materna, la presencia de hermanos mayores, la actividad física y distintos aspectos de la alimentación, entre ellos la ingesta total de leche, el consumo de bebidas azucaradas y la calidad de la dieta. Además, se realizaron análisis de sensibilidad para comprobar la solidez de los resultados.
Resultados
Más del 90 % de los niños consumía leche de vaca a los 5 años, siendo la leche con un 2 % de grasa la más habitual, seguida de la leche entera (3,25 %). La obesidad afectaba al 4,3 % de los participantes a los 5 años y al 8,0 % a los 8 años.
En comparación con los niños que consumían leche desnatada, quienes tomaban leche entera presentaban un IMC más bajo a los 5 años y una menor probabilidad de obesidad. Además, a los 8 años mostraban menores indicadores de adiposidad, como el IMC, la relación cintura-estatura y el porcentaje de masa grasa, así como un menor riesgo de obesidad y obesidad preclínica.
Estas asociaciones se mantuvieron tras ajustar por diversos factores relacionados con la alimentación, el estilo de vida y las características de los participantes, lo que refuerza la consistencia de los resultados.
Discusión
¿Por qué la leche entera podría relacionarse con una menor adiposidad?
Los resultados muestran que el consumo de leche entera (3,25 % de grasa) a los 5 años se asoció con menores indicadores de adiposidad y una menor probabilidad de obesidad tanto a los 5 como a los 8 años, en comparación con la leche desnatada. Además, este estudio fue uno de los primeros en aplicar una definición más amplia de obesidad infantil, basada en el marco propuesto por The Lancet, que incorpora no solo el exceso de adiposidad, sino también alteraciones metabólicas y otros indicadores de salud. Aunque no se observaron asociaciones significativas con la obesidad clínica, los autores consideran que esto podría deberse al reducido número de niños que cumplían los criterios para esta clasificación.
Los autores destacan que las diferencias en la adiposidad pueden aparecer antes de que se desarrollen complicaciones metabólicas, lo que pone de manifiesto la importancia de evaluar indicadores distintos del IMC. Asimismo, observaron que, aunque el consumo de leche era moderado e incluso inferior a las recomendaciones de la guía alimentaria canadiense vigente en ese momento, la asociación entre un mayor contenido de grasa de la leche y una menor adiposidad se mantuvo. Esto sugiere que la composición de la grasa láctea podría ser más relevante que la cantidad total de leche consumida.
Estos resultados coinciden con los de otros estudios realizados en población infantil, aunque no todas las investigaciones han encontrado las mismas asociaciones. Los autores atribuyen estas diferencias a aspectos metodológicos, como el tipo de productos lácteos evaluados, la edad de los participantes, los indicadores utilizados para valorar la adiposidad o la duración del seguimiento.
Como posible explicación biológica, plantean que la grasa de la leche contiene compuestos capaces de favorecer la sensación de saciedad y contribuir al equilibrio energético. Además, la denominada matriz láctea, resultado de la interacción entre los nutrientes y la estructura física del alimento, podría ejercer efectos metabólicos que van más allá de los de cada componente por separado. Estos mecanismos podrían explicar por qué las asociaciones fueron más evidentes con la leche entera que con la leche de menor contenido graso.
Los investigadores también señalan que no puede descartarse una posible causalidad inversa, ya que algunos padres podrían optar por ofrecer leche con menor contenido en grasa a niños con mayor peso corporal. No obstante, las asociaciones se mantuvieron tras ajustar por la ingesta energética, el consumo de bebidas azucaradas y otros factores relacionados con la alimentación y el estilo de vida.
Conclusión
Los hallazgos sugieren que el contenido de grasa de la leche, más que la cantidad consumida, podría desempeñar un papel relevante en la adiposidad infantil. El consumo de leche entera a los 5 años se asoció con menores indicadores de adiposidad y una menor probabilidad de obesidad y obesidad preclínica durante la infancia, en comparación con la leche desnatada. Estos resultados cuestionan las recomendaciones que favorecen el consumo de leche desnatada a partir de los 2 años y ponen de manifiesto la necesidad de seguir investigando antes de reconsiderar las recomendaciones nutricionales.
Fuente
El artículo está disponible en el siguiente enlace (versión original en inglés).
Referencia
Zeitoun, T., Chen, Z. H., Burgner, D., MacKechnie, G., Huntington, P., Mansell, T., Longmore, D., Mandhane, P. J., Simons, E., Turvey, S. E., Subbarao, P., Moraes, T. J., Sellen, D. W., & Miliku, K. (2026). Milk fat intake, adiposity, and obesity in Canadian children: findings from the prospective Canadian CHILD Cohort Study. The American journal of clinical nutrition, 123(5), 101186. https://doi.org/10.1016/j.ajcnut.2025.101186
Elaboración y revisión del artículo científico
El presente contenido ha sido elaborado y revisado por colaboradores de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT) y de SNH Global


