¿Proteínas animales o vegetales? Lo que dice la ciencia sobre su impacto en la composición corporal femenina
MARÍA JOSÉ SOTO MÉNDEZ
Doctora en Nutrición y Ciencia de los Alimentos por la Universidad de Granada
Colaboradora de la Fundación Iberoamericana de Nutrición FINUT
El climaterio es el periodo que separa la etapa reproductiva de la no reproductiva en la vida de la mujer, y comprende tres fases: la perimenopausia, caracterizada por cambios hormonales e irregularidad menstrual; la menopausia, determinada por la ausencia de ciclos menstruales durante al menos 12 meses consecutivos; y la posmenopausia, que se inicia tras este periodo y continúa hasta el final de la vida.
Durante esta transición se produce una reducción sostenida de los niveles circulantes de estrógenos, lo que repercute en distintos aspectos de la salud femenina; entre las manifestaciones clínicas más relevantes en el ámbito metabólico destaca el aumento de la grasa corporal, especialmente la grasa visceral, asociado a un incremento del perímetro abdominal y del peso. El aumento de peso, y en particular de la adiposidad abdominal, se asocia estrechamente con los síntomas característicos de esta etapa, entre ellos los sofocos, los sudores nocturnos, el insomnio, el aumento de la fatiga y la reducción de la calidad de vida.
Antecedentes
Una dieta adecuada y una buena calidad de la proteína dietética desempeñan un papel central en el mantenimiento de la masa muscular y en la regulación del metabolismo energético. Sin embargo, diversas evaluaciones muestran que los adultos consumen alrededor de 91 g/día de proteína, mientras que las personas mayores consumen cantidades inferiores, en promedio unos 66 g/día. por lo que las mujeres mayores presentan con frecuencia una ingesta proteica reducida e inadecuada.
Las proteínas de origen animal aportan todos los aminoácidos esenciales y se digieren bien; diversos estudios indican que el consumo de proteína procedente de fuentes como los lácteos y la proteína de suero de leche se asocia con una menor pérdida de masa muscular. Por otro lado, los patrones dietéticos basados en alimentos vegetales se han asociado con un menor riesgo de desarrollar enfermedades crónicas como la obesidad, la enfermedad cardiovascular y la diabetes mellitus, motivados tanto por sus beneficios para la salud como por la preocupación en torno al consumo excesivo de proteína animal, en particular por su contenido en grasas saturadas, así como por cuestiones ambientales, éticas y de sostenibilidad.
Esta revisión sistemática se propuso investigar los efectos de la ingesta de proteína animal y de origen vegetal sobre marcadores antropométricos y de composición corporal en mujeres en la etapa menopáusica en mujeres a lo largo del climaterio, desde la etapa premenopáusica hasta la posmenopáusica.
El estudio
La revisión buscó datos relacionados con menopausia, ingesta de proteínas dietéticas de origen animal o vegetal, y marcadores antropométricos y de composición corporal.
Se consideraron elegibles los ensayos clínicos con mujeres en periodo climatérico (pre, peri o posmenopáusicas, con peso saludable, sobrepeso u obesidad) que evaluaran el efecto del consumo de fuentes de proteína animal o vegetal sobre marcadores antropométricos (pérdida de peso, perímetro de cintura, perímetro de cadera, índice cintura-cadera) y de composición corporal (grasa corporal, grasa visceral y masa magra), comparando frente a placebo, dieta normoproteica, dieta baja en proteína o grupo control. Se excluyeron los estudios observacionales, las revisiones narrativas o sistemáticas, los metaanálisis, los estudios en animales, los casos clínicos y otros documentos no experimentales. El riesgo de sesgo de los estudios incluidos se evaluó de forma independiente por dos revisores mediante la herramienta del Joanna Briggs Institute (JBI).
De un total de 792 referencias identificadas en las bases de datos, tras eliminar duplicados y aplicar los criterios de cribado y elegibilidad, finalmente se incluyeron 15 ensayos clínicos aleatorizados, realizados entre 2001 y 2020, con una muestra total de 1.161 mujeres de entre 45 y 80 años. Trece estudios evaluaron a mujeres posmenopáusicas, uno a mujeres premenopáusicas y uno a mujeres perimenopáusicas; en 13 estudios las participantes presentaban sobrepeso u obesidad, y en dos se incluyeron mujeres con peso saludable, sobrepeso u obesidad.
Siete estudios evaluaron proteínas de origen vegetal, específicamente proteína de soja, con dosis de entre 15 y 42 g/día, mientras que ocho investigaron proteínas de origen animal, incluyendo proteína de suero de leche y consumo de carne, con dosis de entre 30 y 67 g/día, y duraciones de intervención de entre 8 semanas y 2 años. La evaluación de la composición corporal se realizó mediante métodos directos e indirectos: nueve estudios utilizaron densitometría de rayos X de doble energía (DXA), tres emplearon bioimpedancia y uno un modelo de cuatro compartimentos.
Resultados del estudio
· Proteína de origen animal: las intervenciones con proteína de origen animal, proteína de suero de leche, carne o leche, mostraron efectos más consistentes sobre la reducción de peso y de grasa corporal, especialmente cuando se combinaron con restricción calórica y ejercicio físico supervisado. Los protocolos de 8 a 16 semanas de duración mostraron reducciones de grasa corporal, con incrementos de masa magra en las intervenciones más prolongadas; sin embargo, estos efectos estuvieron fuertemente influenciados por el uso de otras estrategias simultáneas, como la restricción energética y el ejercicio. Por ejemplo, una intervención de 8 semanas con 30 g/día de proteína de suero combinada con restricción energética redujo el peso, el índice de masa corporal, el perímetro de cintura y la grasa corporal, además de aumentar la masa magra en el grupo suplementado. En cambio, cuando se comparó la ingesta de proteína animal en dos niveles (0,8 g/kg/día frente a 1,2 g/kg/día) bajo condiciones de mantenimiento o de pérdida de peso, no se observaron diferencias en la masa magra ni en la grasa corporal entre los grupos, lo que sugiere que la restricción energética tiene una influencia mayor sobre la composición corporal que el simple incremento de la ingesta proteica.
· Proteína de origen vegetal: los estudios con proteína de soja mostraron resultados más heterogéneos, con escasos cambios en intervenciones a corto plazo y resultados más favorables cuando se combinaron con ejercicio. Intervenciones con dosis más elevadas o de mayor duración (42 g/día durante 16 semanas, 40 g/día durante 24 semanas, o 12 meses con 25,6 g/día) no mostraron cambios en el peso, la grasa corporal ni el perímetro de cadera. En contraste, intervenciones más cortas mostraron hallazgos más específicos: 20 g/día durante 3 meses redujeron la grasa abdominal sin cambios en el índice de masa corporal, mientras que 15 g/día de proteína de soja con isoflavonas durante 6 meses sí redujeron tanto el índice de masa corporal como la grasa corporal, y 25 g/día durante 16 semanas redujeron el perímetro de cintura.
Efecto de la restricción calórica y el ejercicio físico
De los 15 estudios incluidos, seis emplearon proteína animal junto con restricción energética, mientras que ninguno de los siete estudios con proteína vegetal se llevó a cabo bajo restricción calórica. Solo tres estudios combinaron la intervención proteica con ejercicio físico estructurado: dos con proteína animal y uno con proteína vegetal. Cuando se analizaron de forma independiente de la restricción energética y el ejercicio físico, los efectos del consumo de ambos tipos de proteína sobre la composición corporal resultaron menos consistentes, por lo que no fue posible confirmar beneficios derivados de un incremento aislado de la ingesta proteica.
Evaluación del riesgo de sesgo
La evaluación metodológica mediante la herramienta JBI mostró que un 40% de los estudios incluidos presentaba un riesgo alto de sesgo, un 40% un riesgo moderado o incierto, y solo un 20% un riesgo bajo, lo que llevó a los autores a considerar la calidad metodológica global como moderada, con limitaciones importantes derivadas principalmente de la falta de información sobre aleatorización, cegamiento y seguimiento de las participantes.
Conclusiones
Este trabajo aporta evidencia de que distintas fuentes de proteína y un mayor consumo proteico pueden influir en los marcadores antropométricos y de composición corporal en mujeres durante el climaterio, aunque estos efectos dependen de múltiples factores. Las proteínas de origen animal mostraron resultados más consistentes, posiblemente debido a su composición (mayor digestibilidad, biodisponibilidad y contenido de leucina, reconocida como el principal activador de la vía mTOR responsable de la síntesis de proteína muscular) y a su asociación frecuente con la restricción energética y el ejercicio físico. Las proteínas vegetales, en cambio, mostraron efectos más heterogéneos, con beneficios más evidentes cuando se combinaron con ejercicio físico.
La mayoría de la evidencia disponible se concentra en mujeres posmenopáusicas, por lo que son necesarios más estudios que incluyan a mujeres en otras fases del climaterio para poder perfeccionar las estrategias nutricionales dirigidas a mejorar la composición corporal y prevenir los cambios asociados a esta etapa.
Fuente
El artículo está disponible en el siguiente enlace (versión original en inglés).
Referencia
Fialho, S.N.; de Souza Ferreira, M.L.; Vieira Ribeiro, S.A.; Pelissari Kravchychyn, A.C.; Miranda Hermsdorff, H.H. Dietary Intake of Animal and Plant-Based Protein on Adiposity Measurements and Body Composition in Pre- and Postmenopausal Women: A Systematic Review of Randomized Clinical Trials. The FASEB Journal 2026, 40, e71977. doi: https://doi.org/10.1096/fj.202600792R
Elaboración y revisión del artículo científico
El presente contenido ha sido elaborado y revisado por colaboradores de la Fundación Iberoamericana de Nutrición (FINUT)


