Estrategias de manejo cardiovascular desde la farmacia comunitaria

MARINA CODESAL FIDALGO
Farmacéutica Comunitaria y Dietista-Nutricionista. Diplomada en Salud Pública
Coordinadora del Grupo de Trabajo ‘Nutrición y Digestivo’ de la Sociedad Española de Farmacia Clínica, Familiar y Comunitaria (SEFAC)
Miembro del Grupo de Trabajo ‘Farmacia en Obesidad’ de la Sociedad Española de Obesidad (SEEDO)


Las Enfermedades Cardiovasculares (ECV) constituyen la principal causa de muerte a nivel mundial. Su elevada prevalencia, su impacto económico y su asociación con factores de estilo de vida modificables las convierten en un importante problema de salud pública. En los últimos años, su impacto continúa en aumento, impulsado por el envejecimiento de la población, el sedentarismo, el consumo de alcohol, el tabaquismo y una alimentación desequilibrada.

Ante esta tendencia, resulta fundamental impulsar estrategias que orienten estos comportamientos hacia hábitos alimentarios más saludables; en este contexto, la Farmacia Comunitaria (FC) desempeña un papel clave gracias a su accesibilidad y cercanía al paciente, lo que permite intervenir de forma directa y continuada en la promoción de hábitos de vida saludables, el seguimiento farmacoterapéutico y la detección temprana de factores de riesgo.

Para lograr un impacto real y sostenido en la prevención cardiovascular es imprescindible el trabajo coordinado de todos los profesionales implicados —médicos, personal de enfermería, farmacéuticos, dietistas-nutricionistas y otros agentes de salud—, alineando esfuerzos y mensajes para ofrecer una intervención integral, coherente y continuada que favorezca cambios de conducta eficaces y duraderos.

Según los últimos estudios, 2 de cada 3 muertes por ECV serían evitables modificando la alimentación. Con esta perspectiva, la alimentación y la nutrición se presentan como una de las principales estrategias para prevenir y tratar este tipo de patologías.

Según la evidencia utilizada por la Sociedad Europea de Cardiología (SEC), procedente del Global Burden of Disease y publicada en el European Heart Journal, la alimentación es el factor modificable más importante en la prevención de la ECV, situándose por encima de la Hipertensión Arterial (HTA) y el colesterol.

Antecedentes

En España, las ECV representan cerca del 30% de la mortalidad general, y la HTA es uno de sus principales factores de riesgo modificables. Por ello, según la Guía para el abordaje de la hipertensión arterial por el farmacéutico comunitario en el ámbito de la atención primaria de SEFAC, reducir la Presión Arterial (PA) es fundamental para frenar la evolución de la enfermedad arteriosclerótica y disminuir el riesgo de eventos cardiovasculares y renales.

Al ser habitualmente asintomática, su detección y control resultan esenciales, y desde la FC se pueden realizar mediciones periódicas de la PA, llevar a cabo cribados e implementar un seguimiento continuado del paciente, todo ello sumado a las intervenciones en el estilo de vida.

Cambios de estilo de vida

Las guías de práctica clínica sobre ECV coinciden en que adquirir un estilo de vida saludable es una de las estrategias más eficaces para prevenir la aparición de HTA y reducir el Riesgo Cardiovascular (RCV). En pacientes con HTA grado 1, estos cambios sobre los hábitos pueden incluso retrasar o evitar la necesidad de tratamiento farmacológico, mientras que en los casos de HTA moderada o grave sí se deberá instaurar además un tratamiento adecuado.

Los cambios de estilo de vida que han demostrado reducir la PA y que deben promocionarse desde la FC son:

1º) DIETA SALUDABLE DE PERFIL MEDITERRÁNEA Y DIETA DASH

Los pacientes con ECV deben recibir asesoramiento sobre cómo seguir una dieta equilibrada basada en el consumo de cereales, legumbres, frutas y hortalizas, productos lácteos, pescado, huevos y carne en cantidad moderada.

Tanto la Dieta Mediterránea, cuyo posible efecto protector se atribuye a la acción antiinflamatoria de ciertos compuestos bioactivos en la pared vascular, como la dieta DASH (Enfoques Dietéticos para Detener la Hipertensión) han demostrado beneficios en la prevención y el tratamiento de la HTA y de las ECV. Desde la FC pueden reforzarse especialmente los siguientes componentes de una alimentación cardiosaludable:

• Frutas y hortalizas: contribuyen a la reducción de la PA gracias a su contenido en potasio, fibra, micronutrientes y fitoquímicos. Se deben recomendar el consumo de al menos 5 raciones al día.
• Cereales integrales, legumbres y frutos secos: además de reducir la ingesta de Hidratos de Carbono (HC) refinados y azúcares simples, aconsejar estos alimentos aporta fibra, vitaminas, minerales y fitoquímicos. Además de HC de alta calidad, presentan un índice glucémico bajo, por lo que se absorben lentamente y no provocan aumentos rápidos de glucosa en sangre.
• Pescado: el efecto protector frente a las ECV se atribuye a su contenido en ácidos grasos omega-3. Se aconseja consumir al menos 2-3 raciones por semana, incluyendo al menos una de pescado azul. El índice omega-3 como predictor del RCV, hace referencia a la proporción de ácidos grasos omega 3 (EPA + DHA) en los glóbulos rojos. Un valor ≥8% se asocia con un menor riesgo e incidencia de eventos cardiovasculares. Este índice puede ser una herramienta de gran utilidad para la prevención de estas patologías
• Fibra: mejora el control glucémico y reduce las concentraciones de colesterol total y LDL La recomendación en población adulta es de 25-35 g al día.
• Grasas: los ácidos grasos saturados son los principales determinantes del incremento de los niveles de colesterol sérico. Por ello, se aconseja limitar su ingesta a un máximo del 10% de la energía total y sustituirlas por grasas monoinsaturadas y poliinsaturadas.
• Lácteos: los lácteos son una fuente importante de nutrientes esenciales y compuestos bioactivos con potencial efecto protector frente a las ECV. Su inclusión en patrones alimentarios como la Dieta Mediterránea o la dieta DASH puede contribuir al control de la PA y al manejo integral del RCV.

Estudios observacionales y ensayos clínicos muestran que el consumo total de lácteos no se asocia con un mayor RCV y, en algunos casos, puede presentar una asociación inversa con HTA. Productos fermentados como yogur y ciertos quesos aportan péptidos bioactivos con efecto antihipertensivo. La incorporación de lácteos bajos en grasa dentro de patrones tipo DASH o Mediterráneo contribuye a reducir la PA y mejorar marcadores de RCV. Además ciertos estudios muestran la presencia de péptidos antihipertensivos, reforzando su papel en el control de la PA.

La Dieta Mediterránea, basada en alimentos de origen vegetal, aceite de oliva virgen extra, pescado azul y un bajo consumo de carne roja y grasas saturadas, cuenta con amplia evidencia en la prevención de ECV.

De forma similar, la dieta DASH promueve el consumo de alimentos frescos ricos en vitaminas, minerales y fibra, prioriza carnes magras y productos lácteos, y limita la ingesta de sodio, lo que contribuye de manera eficaz al control de la PA y a la mejora del perfil cardiovascular.

Desde la FC, se debe reforzar la adherencia a estos patrones dietéticos mediante un asesoramiento práctico y adaptado a las necesidades del paciente.

2º) RESTRICCIÓN DE SODIO EN LA DIETA

La disminución de la ingesta de sodio es una de las intervenciones dietéticas con mayor evidencia para la reducción de la PA. Las guías recomiendan limitar su consumo a menos de 2 g de sodio al día, equivalente a 5 g de sal. El efecto reductor es aún más pronunciado en personas con HTA, alcanzando descensos de –5,4/–2,8 mmHg. Desde la FC es importante ayudar al paciente a identificar alimentos ricos en sodio, como los alimentos procesados, e insistir en evitar añadir sal durante la preparación y el consumo de las comidas.

3º) MODERACIÓN DEL CONSUMO DE ALCOHOL

El consumo elevado de alcohol tiene un potente efecto presor, asociado de forma lineal con un incremento de la PA y del riesgo CV. El estudio PATHS constató que reducir la ingesta de alcohol produce una disminución discreta pero significativa de la PA (1,2/0,7 mmHg más que el grupo de control al cabo de 6 meses). Por ello, es importante concienciar sobre la moderación de su consumo, ofreciendo herramientas para reducirlo.

4º) REDUCCIÓN Y CONTROL DE PESO

Tanto el aumento del Índice de Masa Corporal (IMC), como el sobrepeso y la obesidad, presentan una estrecha asociación con el riesgo de ECV. El Prospective Studies Collaboration concluyó que la mortalidad es más baja con un IMC de aproximadamente 22,5-25 kg/m², aunque se recomienda mantener el peso corporal dentro de un rango de 20-25 kg/m². Desde la FC es posible orientar a los pacientes en riesgo hacia una disminución de peso del 5-10%, ya que este descenso se relaciona con mejoras significativas en la PA.

5º) PRÁCTICA DE EJERCICIO FÍSICO REGULAR

La práctica regular de ejercicio aeróbico es uno de los pilares más eficaces para la prevención y el tratamiento de la HTA, al igual que para la reducción del riesgo y mortalidad CV. Contribuye a elevar el HDL-colesterol, controlar el peso y disminuir el riesgo de padecer diabetes mellitus tipo 2. Por ello, desde la FC se recomienda la práctica de, al menos, 30 minutos diarios —o entre 75 y 150 minutos a la semana— de actividad moderada o intensa (caminar, correr, montar en bicicleta, etc.). También aconsejamos ejercicios de resistencia 2-3 veces a la semana.

En cualquier caso, la prescripción debe individualizarse y adecuarse a las características y comorbilidades de cada paciente.

6º) ABANDONO DEL TABAQUISMO

El tabaquismo constituye una de las principales causas de mortalidad por ECV. Su efecto perjudicial aparece independientemente de la cantidad de tabaco consumida, la forma de consumo e incluso con la exposición pasiva de humo.

En pacientes con HTA, dejar de fumar es una intervención prioritaria. El consejo breve ha demostrado ser eficaz, y las guías de práctica clínica recomiendan que todos los profesionales sanitarios lo ofrezcan, especialmente desde la FC.

Conclusiones

La ECV continúa siendo un problema de salud de gran magnitud y aún existe poca concienciación sobre sus riesgos. La coordinación entre profesionales sanitarios es esencial para mejorar el cribado, el seguimiento y la adherencia terapéutica, ámbitos en los que la FC puede aportar un valor significativo.

La Dieta Mediterránea o la dieta DASH son patrones alimentarios sólidos y basados en la evidencia para la prevención y el control de la HTA y del Riesgo Cardiovascular. Su promoción, junto con intervenciones en estilo de vida y un abordaje multidisciplinar, es fundamental para reducir la carga de ECV.

Aunque el exceso de información disponible en los medios de comunicación, especialmente en redes sociales, puede generar confusión, se estima que el 80% de las ECV se pueden prevenir mediante un estilo de vida saludable. Por ello, la labor conjunta de todos los profesionales sanitarios —incluidos los farmacéuticos comunitarios— es esencial para guiar al paciente y mejorar su salud cardiovascular a largo plazo. Por estudios actualmente en desarrollo, el Índice Omega‑3 se podría considerar un biomarcador predictivo adicional para estratificar el riesgo y reforzar el consejo dietético.

PUBLICACIONES


«El estilo de vida cardiosaludable»

Autores: Instituto Puleva de Nutrición

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